Páginas al viento

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Archive for 22 marzo 2009

Todo se “reduce” a Dios

Posted by francescopetrarca en 22 marzo 2009

Es un hecho bastante significativo el pensar que todas las relaciones sociales humanas y para generalizar a un más, todo lo humano; se reduce a las tres ideas siguientes: padre, madre e hijo/a. Si estás aquí en este mundo es porque has tenido un padre y una madre por lo que siempre eres hijo o hija de una pareja; y si has engendrado vida, serás un padre o una madre.

¿Y qué sucede con el plano espiritual? Podríamos hacer la misma analogía y decir que todo se reduce a Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo), a una madre, Santa María; y a un hijo (cada uno de nosotros). Es una idea bastante hermosa, aunque: ¿completa?

Para llegar a alguna conclusión podemos claramente decir que toda la Tradición de la Iglesia y toda la Escritura puede reducirse a una sola palabra: Amor.  Y si Dios es Amor, entonces todo puede reducirse a Dios… ¿Reducirse?

Más bien ampliarse. Dios es TODO y querer reducir los esquemas espirituales a Dios, es un absurdo, porque todo se comprende en Dios; todo se amplía a Dios… TODO… Plano humano… plano espiritual…

Dios es la única simplificación que se magnifica hasta imbuirlo todo de Él y no se empequeñece ni un solo ápice…

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“Conviértete y cree en el Evangelio”

Posted by francescopetrarca en 11 marzo 2009

Es muy sencillo negar la divinidad de Cristo y negar su Resurrección. Simple y llanamente: “Si no lo veo, no lo creo”. Sin embargo para afirmar alguna creencia hay que presentar alguna “prueba” y esta prueba es sin lugar a dudas, la primitiva Iglesia cristiana.

¿Cómo hubiesen sido los orígenes de una Iglesia primitiva cristiana que se hubiese basado en una mentira? Ya que negamos la divinidad de Cristo y su Resurrección, debemos suponer que los primeros cristianos falsearon la historia. Normalmente este argumento se suele basar en que no es demasiado difícil robar un cuerpo y así evitar la rechifla general por haber seguido a alguien que decía ser más de lo que era… ¿Qué habría hecho una Iglesia así?

¿Habría hecho lo que verdaderamente enseñaba Jesús? ¿Proclamaría el Evangelio? Por supuesto, pero proclamar una mentira muchas veces es difícil de sostener… La habrían transformado siguiendo sus ambiciones e intereses propios. ¿Para qué difundir un mensaje de Amor, Humildad, Bondad, Caridad, Generosidad… (que es demasiado poco atractivo a unos ojos ambiciosos) pudiendo difundir una doctrina que se adapte más a mis intereses propios que a los de una comunidad? “Si Cristo no resucitó, aunque su mensajes es muy bello, yo prefiero enriquecerme en esta vida. Total, nadie va a juzgarme mal, pues si Él no es más que un hombre muerto…” (pensaría cualquiera de aquellos cristianos defraudados).

¿Proclamaría el Evangelio por el mundo? “Sufriréis persecuciones a causa mía…” ¿Se arriesgarían a ello unos cristianos engañados por su propio fundador? No. Mejor sería quedarse en Israel, en casa y seguro.

Sin embargo, los primeros cristianos no tuvieron ese comportamiento. La fe les hizo mover montañas, mares, llanuras… Llegaron a uno y otro confín difundiendo un mensaje: a Cristo. No tuvieron miedo de nada, soportaron todas las persecuciones y en ningún momento se rindieron ni dieron la espalda a lo que Cristo les enseñó: “Amad a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. ¡Qué locura afirmar que sintiéndose engañado y avergonzado, alguien lo deje todo y encima arriesgue su vida enseñando a otros que no conocen la vida de Jesús por todos los lugares conocidos y por conocer! ¡Algo que no creen ni ellos mismos! ¡Y sin obtener ningún beneficio tangible! (Ya que el único beneficio era difundir el Evangelio para que la Humanidad alcanzase la vida eterna, pero si no hay Cristo…).

¿Alguien en su sano juicio haría eso hoy en día? ¿Qué sucede? ¿Acaso nosotros somos más “inteligentes” que los hombres y mujeres de otros siglos? Además, no fue uno… ¡Sino muchos! Las personas luchan por sus ideales, sus creencias, su fe… ¿pero por una mentira?

Desde luego que no. Y sólo esa prueba bastaría para creer en la divinidad de Cristo y en su Resurrección. “La verdad se abre camino”… y el único camino que se abrió es el que anduvo la Iglesia.

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La tentación y la santidad

Posted by francescopetrarca en 6 marzo 2009

Lo primero es decir que la tentación no es pecado. La tentación puede ser causa de pecado, ya que no toda tentación desemboca en pecado. Por lo tanto, la tentación no implica el pecado.

La tentación es inevitable por parte del hombre: nada ni nadie puede conseguir arrebatar la tentación de su naturaleza. Los líderes de muchas sectas religiosas suelen exhibirse como seres no sólo libres de pecado, sino libres de tentación, ya que la tentación los hace “indignos” de Dios según ellos e instan a sus seguidores a evitar la tentación.

Las personas podemos intentar evitar el pecado, unas veces “ganaremos” y otras “perderemos”; pero la tentación es imposible de evitar. Recordemos el Padre Nuestro:

“No nos dejes caer en la tentación.”

Es claro lo que Jesús nos enseñó: sólo Dios puede evitar que el demonio nos tente; sólo a Él podemos pedirle ayuda.

¿Qué consiguen los líderes de este tipo de sectas en sus seguidores? Un agobio y una desesperación tremenda en el corazón de estas personas. Todos creen que sus líderes son absolutamente perfectos y, ¿qué piensan en cuanto se ven tentados? ¡Que son absolutamente indignos de Dios! Por supuesto en ningún momento piensan que son los líderes los que mienten…

Profunda desesperación… Profundo dolor… Más que eso siente el que cree eso… ¿Por qué…? Porque olvida que Dios no ha venido a castigar… ¡Sino a perdonar los pecados y a salvarnos! Olvida que Dios mismo fue tentado en el desierto por el demonio… ¿Acaso ellos como hombres pueden evitarlo? ¿Pueden ser mejores que Dios? No… ¡no pueden! Sin embargo, se les inculca que tener tentaciones es casi peor que pecar…

La tentación forma parte de nosotros; no podemos destruirla: tenemos que vivir con ella. El único camino, es “convivir” con la tentación y encomendarnos a la protección de los ángeles, los santos, Santa María y la Santísima Trinidad. Si vivimos obsesionados con el “esto es tentación… tengo que evitarlo… tengo que evitarlo”. Al final, ¿qué sucederá? Pues que la tentación se vuelve el centro de nuestra vida; sólo pensamos en evitarla… Pero, ¡ay! Es que sólo pensamos en ella… Y es entonces cuando el demonio no da tregua alguna… ¡hasta que caigamos!

Por eso no debemos vivir con la tentación tan presente. Repetir siempre enérgicamente: “no nos dejes caer en la tentación” y no preocuparnos por ella… ¡Nunca! Porque Dios no nos va a abandonar.

 

También hay otro aspecto que señalar en situaciones parecidas a la anterior (la del líder sectario que asegura su total pureza incluso en asunto de tentaciones) que no salta a primera vista tan sencillamente: la constitución de modelos “divinos” aquí en la Tierra.

Este “auto-reconocimiento” de pureza y gracia, puede llevar, o más bien arrastrar; a una especie de competición para ver quién es más santo: “¡Este es más puro que yo, yo tengo que ser más para ganarme el cielo!”

La santidad no empieza por ese camino… Tal y como decía Jesús: “El que quiera ser el primero de vosotros que sea el último”. Ser el último,  no es algo que tú digas: “¿Ah sí? ¡Pues ahora voy a ser el más humilde de todos!”; porque de este modo estás provocando el efecto contrario: la soberbia. La santidad empieza con la humildad, pero no una humildad emanada de la razón, sino que brota del corazón. La santidad empieza en el momento en que uno reconoce plenamente que sólo Dios puede librarlo de la tentación, que sólo Dios puede ayudarle a vencer el pecado…

El camino a la santidad no es ninguna competición. Nadie va más rápido ni más lento por ser más puro o menos puro. El camino es el camino, y cada uno lo recorre con los medios y dones que le haya donado Dios. Nadie llega mejor ni peor… Simplemente el que llega a donde Dios le tiene prevista la meta recibirá tras una sonrisa Suya el premio: la vida eterna.

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El centro

Posted by francescopetrarca en 4 marzo 2009

¿Qué es el “centro”? Esta palabra tiene varias definiciones, pero para el tema que vamos a tratar, yo voy a dar una definición propia:

El centro es el punto más interno de algo.

¿Qué significa esto? Pensemos por ejemplo en una circunferencia; observamos como el llamado centro geométrico es el punto que equidista de todos los puntos del contorno y esa distancia se llama radio. Cualquier otro punto que podamos dibujar dentro de ella estará más cercano a algún punto de los bordes que a otros. Por consiguiente, el centro es su punto más interno.

Ahora bien, pensemos en una esfera, o mejor dicho: la Tierra. La Tierra, con su centro en su pleno interior nos regala la gravedad. La gravedad nos sustenta a la tierra, nos permite caminar y que claramente nos posibilita habitar la Tierra. Imaginemos por un momento una Tierra sin gravedad; no es difícil pensar lo que pasaría: todos acabaríamos circulando por el universo sin rumbo fijo y sin posibilidad de “agarrarnos a nada” que nos permite ir en alguna otra dirección o permanecer en algún punto fijo.

Es pues tan importante la existencia de un centro de gravedad… Que nos sustente, que nos sostenga, que nos permita seguir cualquier camino… En pocas palabras: que nos posibilite vivir…

Pero, ¿y cuál es el centro de nuestra vida? Sin dudarlo ni un segundo: es Dios. Sin Dios estamos en una condición mucho más extrema que con la ausencia de la gravedad; sin Dios estamos totalmente perdidos… No tendríamos nada en qué apoyarnos en ningún momento de nuestra vida… No seríamos más que títeres sin función… No podríamos siquiera “caernos” para levantarnos y llegar más alto, ya que sin centro, no hay nada… Sería todo estático, continuo, inmutable, inmóvil, carente de sentido… Desesperación… Hastío… Miedo…

Por eso podemos vivir, porque Dios es nuestro centro, nuestro punto más interno; aunque se le olvide… aunque se le rechace… Su infinita Bondad impide que nadie deje de tenerle a Él como centro de su ser.

Además, es curioso pensar que siendo Dios el centro de nuestra vida, nuestro punto más interno;  es el único “centro” que no solo “invade” todo nuestro interior, sino que además ahoga al mundo en su Amor…

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