Páginas al viento

Un lugar donde reflexionar… Por Francisco Javier R. S.

  • Intenciones del Santo Padre. Julio 2015

    Intención general

    Para que la responsabilidad política sea vivida a todos los niveles como una forma elevada de caridad.

    Intención misionera
    Para que, ante las desigualdades sociales, los cristianos de América Latina den testimonio de amor a los pobres y contribuyan a una sociedad más fraterna.

  • Vídeo mensual

    Vídeo sobre como ser un digno servidor del altar (en inglés)

    The Altar Server

  • Visión Actual

    Publicación de la Comisión Teológica Internacional sobre la Teología Hoy.

    Publicación

El Cristianismo no es un moralismo

Posted by francescopetrarca en 13 octubre 2009

Por Antonio Millán Puelles, en Ética y realismo, Rialp 1996, pp. 93 a 97

http://eloboferoz.blogspot.com/2008/10/el-cristianismo-no-es-un-moralismo.html

***

Para terminar quiero hacer una reflexión hablando como cristiano, no como profesor de filosofía, aunque sin dejar de ser profesor de filosofía. En nuestra época, no podemos limitamos los cristianos, ni en nosotros mismos ni en el trato con los demás, a una ética meramente natural. En ninguna época, pero en la nuestra es oportuno decirlo, porque como hay mucha gente que niega la ética natural, nos vemos en la tesitura de tener que dialogar con ellos con meras razones de tipo natural. Es decir, por ejemplo, justificamos la condenación del aborto con razones científicas, ético-naturales, etc.; lo mismo en todo lo referente a la indisolubilidad del matrimonio, y tantas otras cosas más. Como tenemos que dialogar con personas que no creen, echamos mano sólo de argumentos de filosofía o de ciencia positiva, digamos, de razón natural. Los primitivos cristianos no actuaron únicamente así. Daban testimonio de su fe. Parece que ahora estamos como avergonzados: -Mire usted-decimos muchas veces-, prescindiendo de que seamo9s cristianos, resulta que el embrión es un ser humano, porque los cromosomas, etc…- Eso es real, y está muy bien que lo digamos, pero… ¿como cristianos cumplimos nuestra obligación quedándonos ahí, por aquello de que el señor que nos oye no lo es? A lo mejor el señor que nos oye estaba esperando que le dijéramos algo como cristianos, y no sólo como conocedores de la biología contemporánea y del derecho natural, que quizá podría compartir con nosotros. Quizá esperaba ese otro testimonio. O, aunque no lo esperara, a lo mejor le vendría muy bien. A este propósito, afirma Karl Adam en su libro Jesucristo, refiriéndose a la esencia del mensaje de Cristo: «Se puede afirmar que, incluso históricamente, la esencia de su mensaje consiste precisamente en la buena nueva de la proximidad del Reino de Dios, que llega en su Persona. No se debe buscar dicha esencia primariamente en su doctrina moral. Efectivamente, en muchos puntos de su mensaje de una justicia mejor, pueden encontrarse analogías en el Antiguo Testamento, o en la filosofía judía –y también en la filosofía griega de la época-. Sin duda Jesús desbrozó esta preciosa herencia de sus numerosos aditamentos humanos, y mediante una revolución y una concentración anárquica, la dejó pura y refulgente -incluso desde el punto de vista humano-, pero su contenido principal estaba ya previamente implicado, y propiamente hablando no es aquí donde debe verse la verdadera novedad que quiso traer, y que de hecho trajo al mundo»1 .

La novedad de Cristo no es su doctrina moral: es su anuncio del Reino de Dios. ¡Claro que incluye, por supuesto, una doctrina moral! En cuestiones de justicia hay que ser tan exigente –o más- que el que más, pero con la condición –si es que queremos actuar como cristianos- de dejar claro que hay otra cosa que está por encima y se llama caridad. «Está por encima» no quiere decir que se oponga a la justicia. Exigiendo la justicia tanto o más que el que más, yo tengo que hablar de caridad, de amor al prójimo por amor a Dios. Entonces estoy hablando como un cristiano. ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué como soy cristiano debo hablar sólo de la caridad, y no de lo otro? No; de ninguna manera, porque Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre, y en Él lo sobrenatural y lo natural están unidos. Pero si están unidos en Él, también deben estarlo en mi conducta y en mi actuación.

Digo esto porque veo cierta propensión a que en nuestros escritos y en nuestro hablar con los demás casi parece como que ocultamos que somos cristianos. Hablamos de valores humanos, de los cuales hay que hablar, evidentemente. Si no lo hacemos estamos edificando en vano. Sí, pero si queremos edificar no nos podemos contentar con los cimientos: hay que poner algo más. Y si no lo ponemos, esos cimientos ¿de qué son cimientos, cristianamente hablando, se entiende?

Contemplata aliis tradere, dice Santo Tomás: hay que transmitirlo visto por la gracia a quienes no han recibido el mensaje (quizá lo desconocen sin culpa, pero lo pueden conocer).

Yo temo que pueda haber un cierto pudor malentendido en los cristianos de hoy, de manera que, bajo un pretexto -propiamente no es que sea pretexto, pues casi llegamos a creérnoslo- de que como hay que dialogar con los no creyentes, no se debe meter para nada ninguna alusión a la revelación. Y yo diría: de ninguna manera hay que dejar de dar todos los argumentos científicos, filosóficos, humanos, naturales, etc., que hay que dar (y, por consiguiente, hay que conocerlos, porque eso es doctrina también, y más para un cristiano). Un cristiano no es un señor que admite sólo lo sobrenatural; admite también lo natural. El sí más grande que se le ha dado a la humanidad se llama Cristo, que es también un sí a Dios; pero un sí consistente en que es las dos cosas a la vez. Entonces, además de todas esas razones naturales, yo diría que en medio de un razonamiento de esos, o al final, donde sea, hay que meter hábilmente -si se me permite la expresión: no quiero decir con ello hipócritamente una referencia a la verdad sobrenatural. De lo contrario, no estaremos hablando como cristianos. No es que estemos hablando como anticristianos, pero tampoco como cristianos. No voy a convencer a un señor hablándole de un Evangelio en el cual no cree, ciertamente. Pero he de hablarle también cristianamente, con algo de habilidad, y no cuidando tan habilidosamente la forma y manera de decírselo, que terminemos por callamos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: