Páginas al viento

Un lugar donde reflexionar… Por Francisco Javier R. S.

  • Intenciones del Santo Padre. Julio 2015

    Intención general

    Para que la responsabilidad política sea vivida a todos los niveles como una forma elevada de caridad.

    Intención misionera
    Para que, ante las desigualdades sociales, los cristianos de América Latina den testimonio de amor a los pobres y contribuyan a una sociedad más fraterna.

  • Vídeo mensual

    Vídeo sobre como ser un digno servidor del altar (en inglés)

    The Altar Server

  • Visión Actual

    Publicación de la Comisión Teológica Internacional sobre la Teología Hoy.

    Publicación

Archive for 28 noviembre 2009

Catolicismo- Cardenal John Henry Newman

Posted by francescopetrarca en 28 noviembre 2009

“Volved la espalda a la Iglesia Católica y ¿a quién os volveréis? Es vuestra única certeza de paz y seguridad en este mundo turbulento y cambiante. No hay nada entre ella y el escepticismo cuando el hombre ejerce su razón libremente. Los credos privados y las religiones estrafalarias pueden parecer llamativos e impresionantes para muchos en su día; las religiones nacionales pueden yacer imponentes e inermes, y ser un estorbo durante siglos, y distraer la atención o confundir el juicio de los entendidos; pero a la larga se descubrirá que o bien la religión católica es en verdad y de hecho la incursión del mundo invisible en este mundo nuestro, o no hay nada positivo, nada dogmático, nada real en ninguna de nuestras ideas en lo referente a nuestro origen y nuestro destino. Olvidad el catolicismo y os convertiréis en protestantes, unitarios, deístas, panteístas, escépticos, en una espantosa pero inevitable sucesión…” (Card. Jonh H. Newman).

 

Agrada oír palabras enérgicas y valientes en defensa de nuestra Fe y religión. Hoy día, todo vale, toda opinión es aceptable, decente y coherente y la verdad no es más que relativa según la persona, el lugar, la circunstancia… Parece que la verdad muta según el momento según convenga o interese o “según sea ofensiva para nuestro interlocutor” o no… Hay que respetar “otras verdades”, seamos “tolerantes”.

 No, la tolerancia no es eso; la tolerancia es comprensión, pero no aceptación. No podemos caminar por el mundo poseederos de una Verdad y menguándola cuando tengamos a una persona diferente que difiera de nosotros. No, nuestra Verdad es nuetra Verdad y nosotros creemos en Él; si alguno de nuestros hermanos difiere, comprendedle, perdonadle, amadle… Pero nunca digamos: “También tienes razón“… No entremos en el juego del relativismo, la Verdad es única; solo uno puede tener la razón.

Pero tampoco discutamos por imponer la Verdad. Ahí es donde vuelve a entrar la palabra tolerancia, que nos ayude a comprender para evitar toda disputa. Así, nosotros creemos que nuestra Fe es la única Verdad, pero la Verdad se abre camino por si sola… ¡Manifestémosla simplemente y oremos! Que Ella misma abra los corazones.

Hagamos esto, pues el propia Papa nos invita a actuar de este modo y a reflexionar sobre los numeros escritos de Newman, siempre enérgico; puesto que el año que viene tendrá lugar su beatificación.

Pidamos Fuerza, Entereza y Valentía para defender nuestra Fe.

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La Paciencia: raíz de virtudes

Posted by francescopetrarca en 27 noviembre 2009

Tranquilamente paseando a mi perro vi una escena curiosa:

Había un señor de mediana edad que estaba haciendo lo mismo que yo, con la diferencia que él paseaba a un perro muy viejo. De repente, este anciano perro se paró en mitad de la escalera: era viejo, estaba cansado, hacía fresco y seguramente se diría a sí mismo, con la sabiduría que Dios le da a las criaturas que nos ha encomendado cuidar, “Ya está bien de pasear, quiero subir al hogar a descansar”. Sin embargo el hombre en lugar de hacer un gesto cariñoso para con su mascota, se limitó a suspirar desesperadamente y a maldecirlo: no tenía paciencia alguna.

Entonces pensé en que la paciencia efectivamente era una cualidad muy importante, más bien una gran virtud.

Si nos ponemos a reflexionar, nos daremos cuenta que ante la ausencia de paciencia descubrimos la ira; que ante la falta de paciencia caminamos hacia la desesperación; que cuando actuamos impacientemente nos condenamos a realizar cualquier tarea ineficientemente; que sin paciencia no solo destruimos nuestra tranquilidad, sino la de las personas de nuestro alrededor… No hace falta seguir: muchísimas situaciones; incluso, también se necesita paciencia con Nuestro Señor, porque la impaciencia nos lleva a orar menos frecuentemente, con mayor rapidez y a la ausencia de fervor.

Por eso digo que la paciencia es raíz de virtudes, es una base sólida donde construir una virtud tan importante como la esperanza; es un cimiento duradero desde donde labrar el campo de nuestro trabajo tanto corporal como espiritual; es una correa resistente y dura, pero muy flexible, sobre la que podemos sugetar y contener un pecado y error tan grave como la ira…

La paciencia es necesaria, no es una continencia, no es una falta de tranquilidad ni un retenimiento de nuestros impulsos: la paciencia es una obra de Amor. El que no es paciente, se fuerza a ser paciente, y de este modo no lo consigue; porque entonces está provocando lo que hemos dicho al principio de este párrafo: una continencia. Y no, la paciencia no se hace, no se ejecuta: la paciencia se siente. El que es paciente solo siente tranquilidad, no hace nada para serlo, simplemente lo es… Por eso, el que no es paciente no debe forzarse a sí mismo, debe aprender que puede tener simplemente una constitución más nerviosa: ¡Dios lo ha hecho así de maravilloso! ¿Por algo será no? Aquel que no es paciente, que no luche contra si mismo, que ruegue a Dios y trabaje con sus dones; es el único truco para conseguirlo.

Dejemos germinar las virtudes en nosotros, pero seamos inteligentes, “aprovechémonos” de las virtudes que Dios nos puede regalar, y oremos por ser pacientes: seamos listos y pidamos el “todo en uno”.

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Desmontando Ágora

Posted by francescopetrarca en 24 noviembre 2009

Escrito por Pedro Crespo el marte 13 de octubre del 2009

Un artículo muy bueno que una vez más nos obliga a ver el cine con actitud histórico-crítica; aspecto que se suele falsear continuamente debido a su facilidad de alteración ante un público no entendido en determinados hechos.

http://revistaecclesia.com/index.php?option=com_content&task=view&id=12979&Itemid=88

***

El domingo, 11 de octubre, me fui a ver Ágora, después de haber leído bastante sobre la película y sobre la historia de San Cirilo, Alejandría e Hipatia. Me gusta ir al cine no por lo que cuentan las películas, por los argumentos, si no por cómo lo cuentan: esa es la grandeza del lenguaje no verbal, enormemente enriquecido en el arte del cine, dónde se ve lo que un director sabe y quiere enseñar.

Confieso, sin querer molestar a nadie que, cuando fui a ver “El Código da Vinci” y “Ángeles y Demonios”, que previamente había leído, pasé un rato “entretenido” sin hacerme problema personal, pues era tal el montaje argumental y de errores que, para mí, no suponía ningún problema, pero comprendí que podía serlo para mucha gente. Se hicieron grandes esfuerzos por desmontar el engranaje tipo Caballo de Troya… Al fin y al cabo era una historia de sospechas más o menos mal construidas, que servían para pasar un rato.

Cuando salí de ver Ágora mis sensaciones fueron diferentes: es un argumento plano, construido con lógica y sencillez, con una gran producción y despliegue de medios para transmitir mensajes, que van envueltos en mentiras que confunden al espectador poco instruido… pero este lenguaje se emite en una onda diferente al “Código da Vinci” y llega a un espacio, quizá el afectivo, que levanta, no sólo sospechas sobre la Iglesia y su proceder en el pasado, sino las heridas, que todos tenemos generadas por las dificultades de la convivencia y de la historia personal, con argumentos supuestamente objetivos, históricos y contrastados… de tal forma que al espectador ya no le hace falta saber nada más, la Iglesia es así: intolerante, visceral, bárbara, contraria a la razón, marginadora de la mujer… y encima canoniza a un energúmeno que defendió todo eso, Cirilo de Alejandría. ¡Una película contra la intolerancia que genera intolerancia!

El día de la Virgen del Pilar (12 de octubre) tenía preparada una homilía sobre el capítulo de la Economía de Benedicto XVI en Caritas in Veritate, para hablar del desarrollo de todos, como quiere una Madre de sus hijos, con los criterios morales que pone el Papa, en este capítulo de la Encíclica, a la Economía: Confianza, ayuda a los pobres, bien común, solidaridad… gratuidad.

No pude sustraerme de la responsabilidad de decir algo sobre Ágora, y lo hice en el apartado de la confianza, que para mi es fundamental. Debajo de la crisis económica está la falta de confianza, la crisis genera más desconfianza. ¿Por qué me fío de las personas o de Dios o por qué desconfío? ¿Somos razonables en nuestras confianzas? ¿Me fío por la apariencia de quien me habla? ¿Invierto por los intereses que espero percibir? ¿Me mueve el miedo promovido por intereses económicos a la gripe A para vacunarme? ¿Me condicionan mis sufrimientos para no aceptar a Dios o el miedo a perder mis libertades? ¿Tengo algún mal recuerdo de mi historia personal con respecto a la Iglesia? No mandan los políticos, ni la economía, sino la confianza que nosotros depositamos en los demás; algo más complejo de explicar que la propia economía.

Confiar y fiarse de Dios y de los demás, razonablemente. Siempre un reto inevitable para las personas. Es curioso cómo quienes no se fían de Dios confían en argumentos sin objetividad y se dejan llevar…

Pues bien, la gente que vea Ágora se fiará más de Amenábar que de la historia y de la Iglesia; así de irracional, ante una película que pretende plantear el tema de la razón y la ciencia, entre otros.

En mi homilía sólo pretendí desmontar algunas mentiras: San Cirilo no tuvo que ver con la muerte de Hipatia y sí con Éfeso y la declaración de María como Madre de Dios, fiesta que celebramos el 1 de enero; lo que no aparece ni por asomo en la película. Y que los cristianos no fueron los responsables de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, ni la Iglesia es contraria a la razón y a la ciencia.

Pero el problema no está en los razonamientos, pues se emite en “una onda diferente” y por eso vino a mi memoria un Credo que elaboró un compañero, Francisco-Manuel Jiménez Gómez, con ocasión de la festividad de San Pedro y san Pablo, que expresa en “esa otra onda”, con diferente entonación, una confianza razonable y entregada a la Iglesia y en la Iglesia. Hice una copia para cada asistente a la Eucaristía y les invité a recitarlo conmigo.

Después me llegó el artículo que desmonta de un modo más razonado lo que yo quería decir y que os copio aquí. Al final os copio el “Credo” para que lo recitéis en privado y/o en público: ésta sí es la Iglesia en la que nosotros creemos. Y os aconsejo una película diferente, donde se expresa lo que sí es la fe.

Artículo: Desmontando «Ágora» e Hypatia
Jesús TRILLO FIGUEROA (Abogado del Estado)

Diario La Razón

«Ágora: Hypatia» (I)

El cine es un maravilloso medio para contar la Historia, pero tiene sus limitaciones: a veces, las ambiciones excesivas pasan factura. Los realizadores de «El Código da Vinci» pretendieron convertir a Magdalena en diosa y se pasaron. Amenábar pretende, nada más y nada menos, contar una historia a partir de la cual «el mundo cambió para siempre». Y se ha vuelto a pasar cuatro pueblos más. La película tiene tantos mensajes ideológicos que es imposible meterlos en dos horas y, al mismo tiempo, mantener un ritmo entretenido, interesante y espectacular.

El cine requiere medir las secuencias, los silencios, los tránsitos y, sobre todo, un guión que mantenga la atención del espectador. Es una pena, porque la película contaba con todos los mimbres: un gran director, una generosa producción, una preciosa actriz, un maravilloso decorado y una perfecta ambientación. Pero lo que pretenden es inyectar en una pastilla los siguientes mensajes: primero, que las religiones generan odio y violencia. Segundo, que el cristianismo es la más talibán de todas y la que empezó. Tercero, que existen dos mundos, por una parte, el de la filosofía y la ciencia, contrapuesto e incompatible con el de la religión. Cuarto, que el cristianismo al principio fue misericordioso, pero la jerarquía eclesiástica y la Iglesia son por definición intolerantes y fundamentalistas. Y, sobre todo, hay dos mensajes más que son especialmente queridos por la película y por toda la explosión de libros y propaganda que estos días se vienen haciendo: el cristianismo es la causa de la caída del Imperio Romano y de la desaparición de la sabiduría grecolatina. Además, es el culpable de la subordinación y dominación de la mujer por parte del hombre. En fin, Alejandría e Hipatia son el símbolo de una civilización grecorromana basada en la filosofía, la ciencia y la libertad, hasta que llegó el cristianismo y comenzó la oscura Edad Media. Demasiado para una sola película. Y la cosa continúa porque, según declara el director, «es increíble cómo se parece a la situación actual».

¿Es casualidad que desde julio hasta el estreno de la película se hayan publicado más de cuatro biografías sobre Hipatia, paradigma de las cuales es la de Clelia Martínez Maza, financiada por la Dirección General de Ciencia y Tecnología? Más de 10 novelas, ejemplo de las cuales es la escrita por el hermano de Carmen Calvo, ex ministra de Cultura, además de multitud de estudios de historia sobre la época. Y todo ello con el mismo mensaje. Que todo salga al mismo tiempo no puede ser casualidad. Una vez más, nos encontramos con un ataque ideológico perfectamente orquestado, del cual, por cierto, Amenábar suele ser pistoletazo de salida, como lo fue en el caso de «Mar adentro» con la eutanasia.

Ahora la cosa va directamente contra la religión y particularmente contra el cristianismo. Lo malo de la trama que cuenta la película es que es mentira desde el principio hasta el final. Forma parte de la estrategia de reescribir la Historia a la que es tan aficionada nuestra izquierda. Hipatia no fue asesinada siendo una joven tan hermosa como Rachel Weisz, de 38 años, sino que murió en el año 415 y tenía 61. No fue famosa por sus dotes de astronomía por más que en la película se empeñen terca y cansadamente, atribuyéndole haberse adelantado a Kepler más de mil años; sino porque era una «divina filósofa» platónica, en palabras del obispo cristiano Sinesio de Cirene –única fuente coetánea que se conserva sobre ella–, a la que llama en sus cartas «madre, hermana, maestra, benefactora mía». El citado obispo, a quien en la película se le hace traidor y cómplice en el asesinato de la filósofa, murió dos años antes que ella, así que es imposible que tuviera nada que ver con su muerte. Ella fue virgen hasta el final, pero no vivió la castidad como ha dicho la protagonista, que se ha declarado feminista radical, «para ser igual que un hombre y poder ejercer una profesión con plena dedicación». Lo hizo porque, coherente con su filosofía, ejercía la Sofrosine, es decir el dominio de uno mismo a través de las virtudes entendidas como el control de los instintos y las pasiones.

Hipatia nunca fue directora de la Biblioteca de Alejandría, ni ésta fue destruida por los talibanes cristianos. La biblioteca fue incendiada por Julio César, saqueada junto con el resto de la ciudad por Aureliano en el año 273, y rematada por Diocleciano en 297. Es verdad que en el año 391 fue destruido lo que quedaba del templo del Serapeo después de la destrucción por los judíos en tiempos de Trajano, y también el repaso que le pegó Diocleciano, quien, para conmemorar la hazaña, puso allí su gran columna, razón por la cual los cristianos lo destruyeron, ya que él era el símbolo de las persecuciones que sufrieron durante trescientos años. Pero lo que allí quedaba de la biblioteca era tanto como lo que restaba en otros sitios. El paganismo siguió existiendo en Alejandría hasta que llegaron los árabes. Y el neoplatonismo siguió floreciendo, hasta que lo recuperó el renacimiento cristiano. Por cierto, que yo sepa, su más brillante exponente se llamaba San Agustín, coetáneo de Hipatia.

«Ágora: Cirilo» (y II)

La historia de Hipatia ha sido objeto de manipulación por todas las tendencias ideológicas, desde la Ilustración hasta el feminismo radical más reciente. Para algunos, como Voltaire, «desde la muerte de Hipatia hasta la Ilustración, Europa está sumida en la oscuridad; la Ilustración, al rebelarse contra la autoridad de la Iglesia, la revelación y los dogmas, vuelve a abrir la iluminación de la razón». En la última versión feminista de Úrsula Molinaro, Hipatia es la campeona del amor libre, a pesar de que en realidad era virgen. La conclusión es que de la verdadera historia de Hipatia se pasa a la leyenda de Hipatia, que se convierte en la leyenda del Crimen de Alejandría, cuyo protagonista principal es el obispo Cirilo.

La película de Amenábar recoge casi todos los ingredientes de esta leyenda: Hipatia es símbolo de mujer libre que representa el fin de la cultura grecolatina y el comienzo del oscurantismo cristiano, asesinada por unos fanáticos talibanes cristianos al mando del obispo Cirilo. ¿De dónde surge esta leyenda? El primero que narró el crimen fue Sócrates Escolástico en el siglo V, un letrado al servicio del patriarca de Constantinopla Néstorio, enemigo del patriarca de Alejandría Cirilo. Pero la atribución directa a este último de la autoría del asesinato fue cosa del escritor pagano Damascio, que escribió la «Vida de Isidoro», que es una apología del paganismo durante el final del siglo V y principios del VI.

No obstante, la auténtica leyenda surge con la obra de John Toland en 1720. Éste era un irlandés, hijo ilegítimo de un sacerdote católico, que se hizo protestante y posteriormente activo militante del ateísmo en la Gran Logia de Londres. Después vino Voltaire; después, el historiador Edward Gibbon, quien, para argumentar su tesis acerca de que el cristianismo es la causa interna de la decadencia del Imperio Romano, utiliza la leyenda de Hipatia y declara a Cirilo responsable de todos los conflictos que estallaron en Alejandría en el siglo V. Más tarde llegarán las versiones románticas de Leconte de Lisle y otros, y finalmente el feminismo radical, para el que Hipatia fue la primera mártir de la misoginia propia del cristianismo. Todos los autores citados, y alguno más, tienen una cosa en común: son masones reconocidos.

Una de las grandes mentiras de la historia que se quiere propagar es que la mujer fue libre en Grecia y en Roma hasta que llegó el cristianismo y la sometió la sujeción del hombre; a esta idea también contribuye la película. Lo cierto es que en Grecia la mujer era considerada una cosa más de la casa, y en Roma, no era una «sui iuris», es decir, titular de derechos, sino que era considerada «capiti diminutio», como un niño o un incapacitado y, por tanto, estaba sometida a la tutela o la «manus» del padre o del marido. Por el contrario, fue el cristianismo el que consideró al hombre y a la mujer iguales en naturaleza, pues ambos son hijos de Dios y hermanos en Cristo; y prueba de ello es que las primeras manifestaciones de mujeres libres autodeterminándose, pese a la voluntad de sus padres o del estado, fueron las primeras mártires cristianas víctimas de las persecuciones romanas, tales como Inés Ágata o Cecilia. Y precisamente la explicación fundamental en torno al odio a Cirilo está en esta cuestión. Independientemente de que la carta de San Pablo a Timoteo no refleja precisamente una visión emancipada de la mujer, no es creíble que Cirilo la impusiera como literalidad a cumplir, porque es precisamente Cirilo quien más ha exaltado en la historia de la humanidad la condición femenina, pues a él se debe la expresión «Theotokos», palabra griega que significa madre de Dios.

El personaje del que hablamos, al que la película presenta con caracteres parecidos a Bin Laden para luego dejar en letras la explicación de que a ese «energúmeno» que ustedes han visto la Iglesia católica lo hizo Santo y León XIII lo declaró doctor de la Iglesia, efectivamente es San Cirilo de Alejandría. Él fue el que derrotó a la herejía Nestoriana en el Concilio de Éfeso del 431. En esencia, la disputa consistía en si María era madre de Cristo o madre de Dios. De la respuesta a esta cuestión surge algo muy importante: la doble naturaleza divina y humana en una persona llamada Cristo. Cirilo consiguió que se convocase un concilio en Éfeso, puesto que era el lugar donde vivió sus últimos años la Virgen María, y logró que la Iglesia declarase el primer dogma mariano de la historia: María, Madre de Dios. Hasta aquel momento nadie en la historia había conseguido colocar a un ser humano mujer por encima de cualquier hombre. Éste es el personaje que en el fondo persigue la leyenda de Hipatia; curiosamente, Beltrand Rusell comienza su «Historia del pensamiento occidental» con una irónica semblanza de San Cirilo diciendo: «El motivo principal de su fama es el linchamiento de Hipatia». Todo esto huele excesivamente a podrido.

Credo: “Creo en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica” 
Francisco-Manuel JIMÉNEZ GÓMEZ (Sacerdote diocesano de Ciudad Real) 
Con Vosotros

Sí, por pura gracia de Dios pertenezco a la Iglesia católica. Para mí es un motivo de alegría llevar ese hermoso nombre, pertenecer a esa Iglesia, que habitada por el Espíritu Santo, es en el mundo presencia viva del Crucificado-Resucitado.

Creo en la Iglesia que plantaron los Apóstoles Pedro y Pablo y Juan y Andrés, y Tomás y Felipe y Bartolomé… aquellos que bebieron el cáliz del Señor y lograron ser amigos de Dios. La misma Iglesia que, desde sus comienzos se reúne para partir el pan y escuchar las enseñanzas de los apóstoles; la que por caminos diversos se congrega en una unidad admirable: ¡la única Iglesia de Cristo!

Creo en la Iglesia, en cuyo seno bautismal fui gestado a la Vida, en cuya mesa se sirve el pan Eucarístico, en cuya espacio no hay fronteras ni naciones, ni lenguas ni culturas porque caben todas y a todas purifica.

Creo en la Iglesia, la de los mártires y los santos, la de aquellos que fueron fieles incluso cuando tuvieron que beber la amargura del cáliz; la de los que también lo bebieron en el silencio de cada día, en la entrega de cada hora, en la generosidad derramada sin distinguir identidades.

Creo en la Iglesia, la criticada y calumniada, la pecadora y la santa; la de la historia bimilenaria de claroscuros y ambivalencias; la que me da ojos para ver y corazón para entender; la del contraste entre el pecado y la misericordia, la que pese a sus miserias siempre está ahí para vendar heridas, para acoger pródigos, para perderse en los arrabales del mundo.

Creo en la Iglesia, en la visible y en la que no se quiere ver, la que conserva el Vaticano y la que da esperanza en los pueblos y las aldeas; la experta en humanidad porque es consciente de sus debilidades; la que se acerca al enfermo y la que defiende la vida; a la que no estorba el dolor ni lo cubre con falsas compasiones.

Y creo en la Iglesia, aunque no esté de moda, con humildad y sin complejos, porque aunque reniegue de ella, tengo la certeza de que siempre estará ahí esperándome como una madre.

Por eso hoy, fiesta de la Virgen del Pilar, pedimos al Señor, al único Señor de la Iglesia, que nos conceda vivir de tal modo en su Iglesia que, perseverando en la fracción del pan y en la doctrina de los apóstoles, tengamos un solo corazón y una sola alma, arraigados firmemente en la fe y en su amor.

Nota: El autor del Credo, donde yo pongo Virgen del Pilar, él decía, en la fiesta de los Apóstoles Pedro y Pablo.

Pedro Crespo

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El fácil Perdón

Posted by francescopetrarca en 14 noviembre 2009

Antes que nada, me gustaría copiar el mismo pasaje del Evangelio que me sirvió de inspiración:

“Después de esto, Jesús subió a una barca, pasó al otro lado del lago y llegó a su propio pueblo. Allí le llevaron un paralítico acostado en una camilla; y al ver Jesús la fe de aquella gente, dijo al enfermo:
–Ánimo, hijo, tus pecados quedan perdonados.
 Algunos maestros de la ley pensaron: “Lo que este dice es una ofensa contra Dios.” Pero como Jesús sabía lo que estaban pensando, les preguntó:
– ¿Por qué tenéis tan malos pensamientos? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados quedan perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues voy a demostraros que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados.
Entonces dijo al paralítico:
–Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.” [Mt 9; 1 -6]
 
¡Qué fácil es para Dios perdonar nuestros pecados cuando ve en nosotros muestras de arrepentimiento y Fe! Dios vio esto mismo en el corazón del paralítico, que acudía con sencillez y humildad  hacia él.
 
Pero también hay que meditar sobre otro punto. En épocas pasadas, la mayoría de los paralíticos estaban recluidos en sus propias casas sin ningún contacto con el exterior y solamente cuidado por sus familiares y amigos cercanos. Eran personas que ya no podían hacer ningún trabajo, incluso en muchos casos eran despreciados por el resto: habían dejado de producir beneficios y la sociedad los olvidaba. ¿Un paralítico en la calle? ¿Qué locura llevaría a sus familiares a sacarlo de la cama en la que estaba confinado para exhibirlo públicamente en la calle simplemente porque un hombre a la que la gente admiraba iba a pasar por allí?
 
Fe del paralítico, pero también fe de sus familiares y amigos, que no dudaron, sabiendo que iba a estar Jesús allí, en presentárselo; porque no hubiesen hecho lo mismo si hubiese pasado un senador o general romano, ni incluso algún sacerdote judío… ¡No! Lo hicieron, porque sabían que Jesús era la única persona en la Tierra que merecía tal esfuerzo; que Jesús era la única esperanza para su corazón y su alma… Jesús en aquel entonces no quería revelar públicamente su gran misión divina, por eso continuamente callaba a los endemoniados que lo reconocían… Pero los pobres y los humildes, no sabían nada de “mesías” ni de “promesas mesiánicas”, pues no habían estudiado la ley y solo amaban a Dios con su corazón y no con la mente; por esta razón simplemente sentían en lo más profundo de su ser la bondad de un Dios hecho carne. (“Te doy gracias Padre por haber ocultado estas cosas a los sabios y ricos”) Y por eso su fe era tal que conmovían al propio Cristo, los humildes y limpios de corazón tenían pureza en su fe; sentían su Fe y se embelasaban con la Palabra de Dios; pero, simple y llanamente, se estremecían al ver a Jesús, porque sabían verdaderamente quién era.
 
Ved también la dureza de nuestros corazones… Muchísimas veces le quitamos a Dios el poder del Perdón. Decimos: “Esto no tiene perdón” o “Esto es imperdonable”, ya sea a nosotros mismos o a los demás; y por eso los fariseos se impresionaron tanto al oír las palabras de Jesús… ¡Tanta bondad choca con la intolerancia humana! Pero el Señor nos contesta claramente, que si dudamos de su poder de perdonar, entonces nos convencerá del único modo en que siempre consigue que nos arrodillemos temblorosos y lloremos por nuestra incredulidad… Realizando un milagro.
 
¿No es hermoso ver como nuestros pecados no significan nada para Dios si sinceramente vamos a encontrarnos a su paso? Ya sea con pasos seguros y gráciles, ya sea con titánicos esfuerzos por una vida de pecado… Pero si al final nos colocamos en el borde del camino, el Señor pasará. Pasará dondequiera que estemos… Y allí vendrá a darnos su Perdón.

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El perdón

Posted by francescopetrarca en 14 noviembre 2009

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Trabajo- San Jerónimo

Posted by francescopetrarca en 2 noviembre 2009

Trabaja en algo, para que el diablo te encuentre siempre trabajando en algo. (San Jerónimo).

 

Con frecuencia he oido decir: “La pereza es la madre de todos los vicios”; y casi nunca se equivoca a la hora de meditar sobre algún pecado que hayamos cometido.

La incatividad, la pasividad en la vida, nos vacía tanto mente como alma y corazón. No estamos haciendo nada, nuestra concentración se encuentra dispersa… ¿Y qué sucede? Oímos un susurro… El diablo está siempre buscando como seducirnos con su canto, y claro nos ha encontrado estáticos, totalmente parados… ¡No estamos haciendo nada! ¿Qué será esa canción tan atractiva que nos intenta sacar de nuestra pasividad? Es algo nuevo y atrayente… Nos va a sacar de nuestro soport… Sí… ¿Por qué no? Y… Caemos…

¡Trabajemos! ¡Trabajemos! Porque cuando trabajamos construímos sensatamente una casa sobre la roca y un camino bien asfaltado.

¡Trabajemos! Porque cuando trabajamos usamos materiales divinos y no mundanos, porque cada gota de esfuerzo es un paso en nuestro caminar.

¡Trabajemos! Porque entonces ponemos a Cristo como piedra angular en nuestra vida, y si no lo hacemos estamos perdidos y en manos del demonio.

Trabajemos y ofrezcamos cada segundo de nuestro trabajo a Dios… Cada pensamiento dedicado a alabarle con nuestro trabajo… Y entonces veréis como Dios nos da la fuerza para que cada vez que venga el diablo a buscarnos, él pinte su rostro de desilusión por no poder entrar en nuestro pensamiento y nosotros lo dibujemos de alegría plena.

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El Milagro vocacional de Lerma

Posted by francescopetrarca en 2 noviembre 2009

Guapas, jóvenes, felices y monjas de Clausura. Un reportaje italiano hecho en convento español. Sí, de España: el Milagro de Lerma.

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También llamaron derecho a la esclavitud

Posted by francescopetrarca en 2 noviembre 2009

Artículo del blog “Contando Estrellas” escrito por por Elentir.

http://www.outono.net/elentir/?p=15944

***

Florida, en EEUU, fue el origen de una canción muy pegadiza titulada “Bonnie Blue Flag” (bonita bandera azul), que podéis escuchar en este fragmento de la película “Dioses y generales”. La letra de la canción ensalzaba la bandera azul con una estrella blanca en el centro que sirvió de distintivo en muchos campos de batalla a las fuerzas confederadas durante la Guerra de Secesión.

El estribillo de esa canción empezaba con dos versos que decían: “Hurrah! Hurrah! For Southern Rights, Hurrah!” La expresión “southern rights” (derechos del sur) fue utilizada con profusión en aquella época para referirse en especial a un mal llamado derecho por entonces en disputa y que fue uno de los detonantes de esa contienda civil: el “derecho” a poseer esclavos.

Para comprender esta manipulación del lenguaje que llevaba a calificar de “derecho” la negación de la libertad de otros tenemos que remontarnos a la primera mitad del siglo XIX. Durante años la literatura abolicionista estuvo prohibida y los profesores abolicionistas estaban vetados en las escuelas de los estados del sur, gobernados por el Partido Demócrata. La aceptación social de la esclavitud era asumida por los sureños de toda clase y posición, hasta el extremo de que a partir de la década de 1830 el servicio de correos se negaba a entregar folletos abolicionistas en los estados sureños. Sólo un sector minoritario proponía la total abolición de la esclavitud. Eran los abolicionistas, tachados de extremistas por la mayor parte de una sociedad que, por aquel entonces, veía de lo más normal que hubiese hombres que poseían a otros seres humanos como quien posee cabezas de ganado.

Por aquel entonces, la política en EEUU estaba dominada por dos partidos: los Demócratas y los Whigs. El Partido Demócrata era el gran defensor de la esclavitud en los EEUU, acaparando el poder en los estados del sur. El Partido Whig estaba dividido entre esclavistas y abolicionistas. A raiz de la Kansas-Nebraska Act, una disposición que autorizaba a extender la esclavitud a los nuevos territorios incorporados a la Unión, en 1854 surgió el Partido Republicano como escisión de los Whigs. Los republicanos rechazaban no sólo la extensión de la esclavitud a nuevos estados, sino también su permanencia en los estados del sur, por lo cual los esclavistas los tachaban de “republicanismo negro”.

Cuando el republicano Abraham Lincoln, un abolicionista, llegó a la presidencia en 1861, los demócratas sureños iniciaron la secesión bajo el argumento de que el nuevo gobierno pretendía arrebatar sus “derechos” -es decir, abolir la esclavitud- a los estados del sur. Hicieron falta cuatro años de guerra para acabar con un levantamiento armado que invocaba palabras como “derechos” y “libertad” para defender una brutal forma de opresión.

Tras la guerra, el 23 de febrero de 1870 Hiram Rhodes Revels se convirtió en el primer senador negro. El 12 de diciembre de ese mismo año Joseph Hayne Rainey se convirtió en el primer negro en la Cámara de Representantes. Tanto ellos como los siguientes afroamericanos que se incorporaron al Congreso de los EEUU eran miembros del Partido Republicano, que siguió concentrando el voto afroamericano hasta la década de 1930. Algo que no es de extrañar, pues durante años el Ku Klux Klan actuó como brazo armado del Partido Demócrata en los estados del sur, donde dicho partido siguió apoyando la segregación racial hasta bien entrado el siglo XX. Sin ir más lejos, en la segunda mitad de la década de 1950 dirigentes del ala racista del Partido Demócrata como James Eastland, John McClellan y James P. Coleman fueron los primeros en apoyar la carrera de John F. Kennedy hacia la Casa Blanca, después de que el entonces senador votase a favor de una enmienda que inutilizaba la Ley de Derechos Civiles de 1957, hecha para acabar con la segregación racial.

Medio siglo después la historia se repite: el Partido Demócrata califica otra vez como “derecho” la violación de un derecho humano, si bien esta vez no es la libertad, sino algo aún más básico: la vida de los más indefensos. Ahora incluso un presidente afroamericano y demócrata, Obama, apoya a organizaciones que utilizan el aborto con fines racistas bajo argumentos como que “hay demasiados negros”. Kafkiano, en fin…

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