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La dicha de la oración

Posted by francescopetrarca en 8 diciembre 2009

¿Hacemos buena oración?

Es una pregunta que deberíamos hacernos cada uno de nosotros en nuestro interior… Muchas veces vamos demasiado aprisa, o no nos esforzamos en sentir. Parece que cuanto más intenso ha sido el día, menos recurrimos al refugio de la oración y otras tantas veces en un día relajado la oración nos supone una especie de “tarea impositiva” que no llevamos a término adecuadamente.

Pero la oración es una dicha. Hay días en los que sí sentimos esa unión especial con Dios… Experimentamos esa sensación penetrante repleta de paz y abarrotada de dulzura; esa sensación tan intensa pero frágil… Esa comunión mística que nos enciende el corazón y nos hace decir lo mismo que dijo Pedro durante la Transfiguración de Jesús:

¡Qué bien se está aquí!” [Mt 17, 4]

Ser capaces de orar… ¡Es un regalo! ¡Un don divino! ¡Qué mágico es que Dios mismo nos haya Amado tanto que no diera los medios necesarios para permanecer siempre en comunicación con Él!

Sí… muchas veces hablamos con Él muy deprisa, o quizás cansados… Dios nos comprende, sabe que somos débiles. Pero a pesar de ello, nos ama y nos quiere. ¡Abusemos de la oración! ¡Que no nos suponga esfuerzo! Hay días en que cuatro palabras dirigidas con fervor son escuchadas con mayor diligencia que toda una letanía pronunciada “por compromiso”… Con Dios seamos sinceros, y hablemos con Él tal y como nos sugiere nuestro corazón. A los seres queridos le reconocemos inmediatamente su estado de ánimo a través de su hablar; pues así, de igual modo, hablemos a Dios con la voz de nuestros sentimientos y no nos empeñemos en disfrazar una sensaciones que Dios sabe que tenemos.

Confiadamente acudamos a Él tal y como somos… Nunca dejemos de hablar… Él nos quiere y nos comprende y sabe como nos sentimos… Oremos siempre con la boca del alma: ella sabrá siempre que palabras elegir.

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