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La intimidad de la Palabra

Posted by francescopetrarca en 14 diciembre 2009

La Palabra de Dios, la bendita Palabra, que tenemos la gracia de tener al alcance de nuestra mano en nuestra propia biblioteca.

Desde antaño, los primeros cristianos se reunían para escuchar la proclamación de la Palabra y rememorar la Sagrada Cena compartiendo el pan y el vino en una sencillísima liturgia de cantos y oración. Pronto ese pequeña reunión “embrión” dio paso a la Santa Misa y a nuestra complejísima liturgia repleta de signos y gestos pero en la que no se olvidan los tres pilares sobre los que se construyeron las reuniones cristianas: Palabra, Eucaristía y Oración.

Era fundamental escuchar la Palabra y comentarla (tradición que viene de nuestros hermanos mayores los judíos que se reunía en las sinagogas para la enseñanza de la Palabra, y que el propio Cristo realiza en los Evangelios) y especialmente para un Pueblo que no podía acceder fácilmente a su lectura debido a la ausencia de conocimientos… Nosotros también la escuchamos cada Domingo, pero, ¿no podemos acercarla un poquito más a nosotros?

Quizás es un defecto que tenemos los Católicos, pues nos “conformamos” con la Misa, y olvidamos la lectura de la Palabra en la intimidad de nuestras habitaciones (cosa que no hacen otros hermanos cristianos). Pero la lectura de la Palabra es fundamental, conocer la Palabra no sólo nos permite perfeccionar nuestra actitud, sino que nuestra lectura meditada es capaz de darnos otros fundamentos de vida que quizás se nos habrían escapado si simplemente la hubiésemos escuchado en Misa. Porque, lejos de desprestigiar la Homilía de la Santa Misa… ¿Qué sucede si el sacerdote después de la lectura no comenta un aspecto de la Palabra por centrarse en algún otro? Quizás una lectura complementaria y meditada después enraice esa predicación en nuestro corazón.

Digo todo esto, porque Cristo nos pedía que oraramos en nuestra habitación con la puerta cerrada… La lectura de su Palabra también es oración; y además, así en la intimidad, le dejamos a Él que haga su propia Homilía exclusivamente dedicada para nosotros en nuestros corazones.

Aprovechemos la Palabra y su lectura, con el alma derramada sobre el papel, porque cada coma y cada punto leído nos llena de conocimiento y Amar es conocer…

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