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Archive for 30 junio 2011

¿Historia del celibato? Perdone que le diga…

Posted by francescopetrarca en 30 junio 2011

Uno de los mayores males del mundo Moderno, a pesar de la ingente cantidad de información, es la falta total de sentido crítico.

Hace poco, me topé en la red con la siguiente página que establecía una especie de “eje cronológico” del Celibato en la Iglesia:

http://futurechurch.org/languages/spanish/historia.htm

Como soy aficionado y apasionado de la Historia, nada más leerlo hallé unos fallos garrafales… Y me pregunté: ¿cuántos leerán estas mentiras sin inmutarse? Pues parece ser que es la Ciencia (social) más dada a la manipulación sin que muchos la cuestionen.

Por eso me he propuesto hacer una refutación prácticamente a la totalidad de las líneas conflictivas históricamente, ya que sé que muchos NO se molestarán siquiera en comprobar si lo dicho por esa “Historia del Celibato” es cierta.

Empecemos:

Siglo I
Pedro, el primer Papa, y los apóstoles escogidos por Jesús eran en su gran mayoría hombres casados. El Nuevo Testamento sugiere que las mujeres presidían la comida eucarística en la Iglesia primitiva.

Cierto, muchos de los primeros apósteles fueron casados y San Pablo nos lo confirma en 1 Cor 9, 5.

Sin embargo, las mujeres jamás presidieron la Eucaristía. No existe ninguna sola tradición que atestigue eso ni ningún texto histórica ni nada. Ni siquiera el Nuevo Testamento. Es cierto que Pablo saluda a la Iglesia que se reúne, por ejemplo, en casa de Ninfa (Col 4, 15)… Pero no se puede confundir, “poner la casa” con presidir la Eucaristía. Todos sabemos que la Primera Iglesia fue doméstica, así que Pablo y otros apóstoles frecuentemente celebrarían la Eucaristía en casas de otros (por tanto, “presidir” no es lo mismo que “prestar el lugar de reunión”).

Siglos II y III
Edad del Gnosticismo: la luz y el espíritu son buenos, la oscuridad y las cosas materiales son malas. Una persona no puede estar casada y ser perfecta. No obstante ello, la mayoría de los sacerdotes eran hombres casados.

Última frase gratuita, sin ninguna prueba histórica de ello. Quizás fuese cierta, quizás no… Pero la especulación, no es Historia. Sin embargo, sí sabemos que muchos de los sacerdotes casados hacían voto de celibato juntamente con su esposa.

Concilio de Laodicea, año 325: las mujeres no pueden ser ordenadas. Esto sugiere que antes de esta fecha se realizaba la ordenación de mujeres.

Primero. El Concilio de Laodicea no existió. Fue un Sínodo de Obispos de Anatolia.

Segundo, no fue en 325, sino entre 363 y 364.

Y tercero, en ese sínodo no se discutió en ningún momento sobre la ordenación de la mujer sino sobre:

  1. Limitar los privilegios de los neófitos,
  2. Limitar los deberes de la clerecía menor,
  3. Limitar cualquier trato con cosas heréticas,
  4. Limitar la judaización entre los cristianos.

Parece ser que entre páginas ProOrdenación Mujer es habitual encontrar mencionado que el “Concilio de Laodicea” prohibió la ordenación femenina, ¡sin aportar ninguna fuente o texto del citado concilio! (que no es tal, sino Sínodo)

Además, todos los católicos sabemos, que cuando un Concilio dice algo es para confirmar la Verdad y no para inventársela, y si dicho Concilio (que no es tal, repito) hubiese prohibido la ordenación de mujeres, no sería sino para confirmar la imposibilidad de ordenar mujeres y no para inventarse una nueva regla.

Año 385: el Papa Siricio abandona a su esposa para convertirse en Papa. Se decreta que los sacerdotes ya no pueden dormir con sus esposas.

“La tradición dice que Siricio abandonó a su esposa” (puede leerse en Wikipedia en inglés)… Pero como no hay cita que lo pruebe (dice el artículo explícitamente: CITA REQUERIDA) no podemos asegurar la veracidad de dicha frase.

Siglo V
Año 401: San Agustín escribe que “Nada hay tan poderoso para envilecer el espíritu de un hombre como las caricias de una mujer”

Por mucho que he buscado, solo he encontrado esta frase de San Agustín sin fuente alguna que indique de qué obra sale y solo en webs criticonas con la Iglesia.

Por tanto, me huele a falsificación o mentira que uno fabricó y creída por miles.

Año 580, Papa Pelagio II: Su política fue no meterse con sacerdotes casados en tanto no pasaran la propiedad de la iglesia a sus esposas o hijos.

Pelagio II fue sin embargo un gran promotor del celibato y dictó normas tan severas que hasta debieron ser suavizadas por su sucesor: San Gregorio Magno

Año 590 a 604: El Papa Gregorio, llamado “el Grande” dice que todo deseo sexual es malo en sí mismo (¿quiere decir que el deseo sexual es intrínsecamente diabólico?).

Al igual que con la frase de San Agustín, solo he encontrado esta frase de Gregorio Magno en las páginas “contra Iglesia” (¡y en algunas las he encontrado tal cual! Sinónimo de que se copian sin consultar fuentes).

Por tanto, me huele a otra falsificación. Si no hay cita textual, no hay credibilidad.

Siglo VII
Francia: los documentos demuestran que la mayoría de los sacerdotes eran hombres casados.

¿Qué documentos? Frase gratuita de nuevo. Especulación histórica al servicio de cada cual.

Siglo VIII
San Bonifacio informa al Papa que en Alemania casi ningún obispo o sacerdote es célibe.

Tampoco he podido comprobar si tal “información” de Bonifacio al Papa fue cierta. De todos modos… ¿Se trataría de informar de un abuso por parte del clero no?

Entonces, bien denunciado.

Siglo IX
San Ulrico, un santo obispo, argumenta que basándose en el sentido común y la escritura, la única manera de purificar a la Iglesia de los peores excesos del celibato es permitir a los sacerdotes que se casen.

En Wikipedia inglés (mucho más fiable que la española) podemos leer en el séptimo párrafo de “Life Account”:

“Cien años después de su muerte una carta apareció, aparentemente escrita por él, donde se oponía al celibato. El falsificador se valió de la opinión de la gente común, que vería el celibato como injusto si San Ulrico , conocido por su rigidez moral, aprobase el matrimonio de clérigos.”

Creo que se comenta por sí solo.

Siglo XI
Año 1045: El Papa Bonifacio IX se dispensa a sí mismo del celibato y renuncia al papado para poder casarse.

Primero, Bonifacio IX no es un Papa del siglo XI… ¡Sino del XIV!

Segundo, ningún Bonifacio fue Papa en ese año. (Bonifacio VI, s. IX; Bonifacio VII, s. X; Bonifacio VIII, s. XIII)

Y tercero, jamás renunció al Papado, ¡sino que murió en el cargo en 1404!

El único Papa que renunció a lo largo de toda la Historia fue San Celestino V, y para seguir siendo monje.

Siglo XIV
El Obispo Pelagio se queja de que las mujeres son aún ordenadas y administran confesiones.

Más especulación histórica sin fundamento. ¿Existe el Obispo Pelagio? No lo he encontrado.

Siglo XV
Transición; 50% de los sacerdotes son hombres casados y como tal, aceptados por la gente.

Y esta es la mayor patraña de todas… ¿A qué vendría si no la “revolución matrimonial de sacerdotes” de la Reforma, si apenas 100 años antes se casaban el 50% de los sacerdotes de toda la cristiandad?

Para concluir, el Fantástico Final propuesto por dicha Web: Un Listado de Papas casados:

San Pedro, Apóstol

San Félix III 483-492 (2 hijos)

San Hormidas 514-523 (1 hijo)

San Silverio (Antonia) 536-537

Adriano II 867-872 (1 hija)

Clemente IV 1265-1268 (2 hijas)

Félix V 1439-1449 (1 hijo)

 

San Pedro fue casado antes de ser ordenado sacerdote, San Félix III fue casado antes de ser ordenado sacerdote, San Hormisdas estuvo casado antes de ser ordenado sacerdote ya que era diácono,  San Silverio estuvo casado antes de ser ordenado sacerdote ya que era subdiácono, Adriano II fue casado antes de ser ordenado sacerdote, Clemente IV fue ordenado sacerdote tras quedar viudo y Félix V es un antipapa herético.

Como vemos, excepto el último caso, todos son CONFORMES A LA DOCTRINA CATÓLICA: diácono o subdiácono casados, casados ordenados sacerdotes (como en el rito Oriental o en las excepciones a los ministros Anglicanos o Luteranos convertidos) o viudo ordenado sacerdote.

Hasta aquí la larga Refutación. Ante todo queridos lectores: SED CRÍTICOS.

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“Hay que hacer una cosa sin descuidar la otra”

Posted by francescopetrarca en 22 junio 2011

Entre todos los pasajes de los Evangelios yo diría que no existe ningún capítulo tan controvertido como Mateo 23.

Muchas veces, este capítulo es el abanderado que usan aquellos sectores críticos con la Iglesia argumentando que si hoy Jesús estuviera entre nosotros, diría esas mismas palabras pero cambiando “fariseos” por obispos y sacerdotes.

Otras veces, de forma mucho más sutil, desde sectores cristianos alejados de la Iglesia o desde dentro de la misma incluso (los sectores mal llamados progresistas) se suele usar este mismo pasaje para criticar el Culto a Dios : solo es necesario hacer la Caridad y el Bien para hacer lo que Jesús quiere y tener una vida de auténtico cristiano.

Yo sin embargo destaco de todo este pasaje una frase simple y tajante que pasa casi desapercibida encerrada entre frases con tanta fuerza como “descuidáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe.” y“¡Guías de ciegos, que coláis un mosquito y os tragáis un camello¡”. La susodicha es: “Hay que hacer una cosa sin descuidar la otra”.

Jesús en todo este discurso que realiza no está pidiendo a los fariseos que abandonen su culto: no despreciaba la liturgia, ni el Templo ni las oraciones, al contrario, muestra que también es un aspecto importante de la Vida Espiritual. Y entonces, ¿qué quiere decir Jesús exactamente?  Él solo corregía el espíritu humano (de búsqueda de honor de los hombres, de hipocresía, de inmisericordia, de egoísmo, de engaño…)  con el que ejecutaban esas cosas tan de Dios y ponía en evidencia cuan lejano es ese espíritu humano del Verdadero culto en Espíritu.

Hay que hacer una cosa sin descuidar la otra: Caridad y Culto.

Debemos fijarnos en los santos porque han comprendido perfectamente el mensaje de Jesús. Ninguno despreciaba el Culto ni lo consideraba vacuo o innecesario para una Vida en Cristo. Y sin embargo al mismo tiempo, ninguno despreciaba la Caridad ni dejaba de lado la Misercordia o la Justicia aunque tuviesen que luchar contra el mundo y anteponerse a los poderosos.

Sin embargo en la Iglesia de hoy no seguimos ese ejemplo:

– Unos sobredimensionan el Culto y prescinden de la Caridad considerando solo lo Sagrado como lo único que le agrada a Dios. Rehusan a defender al pobre, al huérfano y a la viuda y menosprecian el ejercicio de la Misericordia para con los “indignos” pecadores. La dignididad del Culto es lo único que importa y no la dignidad de la Persona, pues el Amor de Dios y la meditación de las cosas celestiales está por encima de la búsqueda de la Plena realización de cada hombre (no solo material, sino espiritual).

– Otros sin embargo, sobredimensionan la Caridad ejerciendo una fuerte labor caritativa y social, pero estigmatizan el Culto como si Dios solo fuese agradado en el Amor al prójimo y considerando la Belleza o la Espiritualidad de la Liturgia como un ideal antiético y antiprogreso hacia un mundo más del Espíritu. El hombre es lo único que importa y la Adoración-Oración es algo que no tiene utilidad: solo interesa la Acción.

Sin embargo nos dice Jesús de nuevo: “Hay que hacer una cosa sin descuidar la otra.” Mimo y profunda adoración para el culto a Dios. Justicia, Misericordia y Amor para todos los hombres de este mundo. Este es el único camino para la Santidad.

Siempre miremos a los santos. Siempre. Ellos nos enseñarán a encontrar ese equilibrio perfecto que nos lleva a Dios.

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El miedo en la Iglesia

Posted by francescopetrarca en 19 junio 2011

Un Artículo muy interesante del Padre José-Fernando Rey Ballesteros que reproduzco íntegramente en la sección de Otros Autores de este blog:

http://www.jfernandorey.es/blog/?p=501

***

 Recomiendo a cualquiera que esté interesado en la situación actual de la Iglesia la lectura del libro de Philip Trower “Confusión y verdad: raíces históricas de la crisis de la Iglesia en el siglo XX” (Edit. El Buey Mudo, 2010). Es sorprendente la claridad con que este periodista británico de cerca de noventa años señala muchas de las llagas del Cuerpo Místico de Cristo en nuestros días. Cuesta trabajo evitar la tentación, mientras uno lee, de pensar que Trower está publicando lo que todo el mundo sabe y pocos se atreven a decir con claridad. Durante los últimos cuarenta años, el miedo ha hecho enmudecer a los sensatos y cambiar de opinión a los pusilánimes. Nos duela o no reconocerlo, y aún sabiendo que existen honrosas excepciones, el miedo sigue amordazando muchas voces dentro de la Iglesia.

    Miedo… ¿A qué? Por triste que parezca, a quedar mal. A romper con los nuevos dogmas de lo políticamente correcto y ser tachados de retrógrados y cavernarios por esa inmensa mayoría de “creyentes” que han aceptado sin apenas razonamiento alguno esos dogmas. Para saber cómo se ha formado semejante “credo”, lo mejor es que lean a Trower. Yo me limito, en estas líneas, a señalar los miedos, por si su reconocimiento explícito pudiese tener algún valor terapéutico.

    En la Iglesia hay miedo a gobernar. “Gobernar” se ha identificado, sin más, con “tiranizar”, y es considerado un ejercicio “fascista”. Un sacerdote, que ahora es obispo, me dijo en privado, en cierta ocasión: “mira, Fernando. Antes, cuando un obispo llamaba a un sacerdote, el sacerdote se presentaba temblando. Ahora, cuando sacerdote y obispo se encuentran, el que tiembla es el obispo”. No sé cómo andará de temblores ahora quien me relataba el ejemplo. Pero es cierto que hoy día se lleva más el “diálogo”; lo de “mandar” está mal visto.

    En la Iglesia hay miedo a pronunciar las palabras “pecado mortal”, “infierno”, “salvación del alma”, “purgatorio”… Todo lo que parezca indicar que el hombre puede condenarse produce más miedo que la propia condenación. Y así, estamos privando al pueblo fiel de las advertencias más necesarias para evitar los mayores peligros. La causa de esta terrible dejación es que, a menudo, los pastores tememos más a la impopularidad que al mismísimo Infierno.

    En la Iglesia hay miedo al fracaso. Es un miedo particularmente inexplicable en una Iglesia que ha nacido, precisamente, del “fracaso” de la Cruz. Pero lo cierto es que nos aterra quedarnos sin feligreses. Hay que hacer lo posible por no “ahuyentar al auditorio”, y decir las cosas con la mayor cautela y suavidad para no sacudir demasiado las conciencias. Un Juan bautista que alborotase a su asamblea llamándoles “raza de víboras” sería rápidamente decapitado en el cadalso del descrédito para entregar su cabeza, acto seguido, a la Salomé del primer banco. No queremos quedarnos solos, ya saben.

    En la Iglesia hay miedo al Misterio. Preferimos el espectáculo. La diferencia estriba en que el misterio se define por lo que esconde, mientras el espectáculo se define por lo que muestra. Nos produce pánico, en una primeras comuniones, otorgar el protagonismo a los símbolos litúrgicos que -pensamos- nadie va a entender y van a sumir a la asamblea en el aburrimiento. Por eso, y aunque sea a costa de atropellar la liturgia, preferimos subir a los niños al presbiterio para ofrecer a los familiares un espectáculo coreográfico en que los protagonistas sean sus hijos, y Dios, simplemente, la excusa. Y es que estaba yo olvidando uno de nuestros peores miedos:

    En la Iglesia hay miedo al aburrimiento. Nos aterra pensar que la gente pudiera aburrirse. ¡Hay que animar el cotarro como sea! Para que no se aburran los niños, convertimos las misas en circos; para que no se aburran los jóvenes, las convertimos en conciertos de rock; y para que no se aburran los adultos, las convertimos en asambleas o en qué sé yo qué… Hemos olvidado que el mejor antídoto contra el aburrimiento es la fe de quien celebra y predica. Cuando el maestro no tiene miedo a la verdad y habla claro, la asamblea se enfervoriza o se indigna y sale echando pestes del presbítero, pero nadie se aburre. Jesucristo tampoco aburrió a nadie… Aunque, claro, murió crucificado. Es un pequeño inconveniente. Sobre todo porque, en la Iglesia, también tenemos miedo al martirio.

José-Fernando Rey Ballesteros

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La Necesidad del hábito o la sotana

Posted by francescopetrarca en 18 junio 2011

Hoy he escrito este post fundamentalmente en relación con esta deprimente noticia publicada en Religión Digital:

http://www.periodistadigital.com/religion/juventud/2011/06/18/monjas-habito-benedicto-xvi-iglesia-religion-papa-jmj-jovenes-madrid.shtml#inicioComentarios

En esta noticia se defiende a una monja salesiana que a toda costa quiere no ponerse el hábito para ver a Benedicto XVI y explica este hecho haciendo todo tipo de acrobacias argumentales, pero sin ir al centro de la cuestión: ¿es necesario ir de hábito para los religiosos?

Y digo deprimente, porque sin resolver tal cuestión o siquiera planteársela, se sale por la tangente concluyendo simplemente que el hábito no hace al monje.

 

Apartándonos ya de la noticia, centrémonos en el tema. ¿Es necesario el hábito? A mí particularmente, prescindiendo de cualquier argumento teológico o disciplinar que es fácilmente encontrable en la Web, se me han ocurrido dos razones clarísimas para llevar el hábito religioso o la sotana siempre. Son las siguientes:

– La razón social y humana

– La razón evangélica de Cristo

Sobre la primera, es cierto que el hábito no hace al monje… ¿Pero acaso el uniforme hace al policía? Claro que no. ¡Pero debe llevarlo!  Sin el uniforme, sería imposible recurrir a los servicios del policía. ¿Cómo reconocerlo entre la multitud?

Pues lo mismo sucede con un sacerdote, fraile o hermana y monje o monja. Sin hábito, ¿cómo vamos a reconocerlos para que nos presten sus servicios? ¿Acaso olvidan que están para servir?

Y la segunda razón emana de que muchos argumentan: “Cristo jamás dijo que debásemos llevar hábito.”

¿De veras Cristo dijo eso? Yo desde luego escuché otro Evangelio:

“Les dijo: No llevéis nada para el camino: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, NI DOS TÚNICAS” (Lucas 9, 3).

(Algunos pasajes paralelos en otros evangelios dicen: ni túnica de respuesto.)

¿Que Cristo no dijo nada? Yo creo que ha hablado muchísimo: está prescribiendo la pobreza de los que predican el Reino. El hábito, no es porque sí (ganas de la Iglesia de imponer algo) o porque en el pasado era la moda… El hábito invita a los religiosos/as y sacerdotes a vivir más intensamente el espíritu evangélico de Pobreza. Llena mucho más el ejemplo de San Francisco y Santa Clara vestidos de tela burda (una sola túnica) y no el de muchos frailes de hoy en día vestidos de chaqueta y corbata (¿pobreza?).

Esta es la radicalidad del anuncio del Evangelio. Algo que se está perdiendo hoy en día prácticamente en casi todas las órdenes religiosas. Y parte de culpa tiene esto en la Crisis vocacional: los jóvenes somos entusiastas de los modelos vivos y ejemplares… Si los religiosos se avergüenzan de vestir su hábito o de vivir verdaderamente pobres como Cristo, ¿a quiénes van a ilusionar?

Reliogiosos y Religiosas, pónganse el hábito y den pleno testimonio de Pobreza y Servicio. La Iglesia lo necesita.

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Una visión en perspectiva

Posted by francescopetrarca en 14 junio 2011

Dicen que para la mejor apreciación de un cuadro debemos alejarnos lo suficiente para así, con la perspectiva adecuada, poder apreciar toda su belleza.

También dicen que a la hora de afrontar el análisis de un problema es mucho más  aproximada la visión que de él se tiene desde una perspectiva más alejada y por tanto privilegiada y objetiva. La excesiva cercanía al problema nos puede causar, como en el caso del cuadro, una ceguera parcial que nos impide ver todas y cada una de las consecuencias o causas.

A veces la autocrítica no es suficiente y se necesita una crítica de alguien externo y alejado (aunque una crítica constructiva por supuesto).

Y eso es precisamente lo que ha hecho un monje del Monasterio Ortodoxo de Vatopédi (Monte Athos, Grecia) en el siguiente fragmento de un artículo que narra las impresiones de un peregrino católico en uno de esos monasterios durante la fiesta de Pentecostés:

http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1337041?sp=y

Joseph Ratzinger, ayer como cardenal y hoy como Papa, da en la tecla cuando diagnostica que el punto crítico del catolicismo actual se encuentra en la vulgarización de la liturgia. En el Monte Athos, el diagnóstico es inclusive más radical: a fuerza de humanizar a Dios, las Iglesias de Occidente lo hacen desaparecer. “El nuestro no es el Dios del escolasticismo occidental”, sentencia Gheorghios, higúmeno del monasterio atonita de Grigoríu. “No puede haber interés en que exista o no un Dios que no deifica al hombre. Gran parte de las razones de la oleada de ateismo en Occidente se debe a este cristianismo funcional y accesorio”.

Le hace eco Vassilios, higúmeno del otro monasterio de Ivíron: “En Occidente manda la acción, nos preguntan cómo podemos permanecer tantas horas en la iglesia sin hacer nada. Yo respondo: ¿qué hace el embrión en el útero materno? Nada, pero dado que está en el vientre de su madre se desarrolla y crece. Así es el monje. Custodia el espacio santo en el que se encuentra y está custodiado, plasmado por este mismo espacio. Aquí está el milagro: estamos entrando en el paraíso, aquí y ahora. Estamos en el corazón de la comunidad de los santos”.

Y el análisis es correcto: estamos en una época en que muchos católicos transmutan la doctrina Católica, que es la Verdad, en preceptos humanos y “amigables” con el mundo.

También hemos vivido un tiempo en que la liturgia, lo plenamente sagrado y divino subsistente entre nosotros, ha sido trastocado hasta llegar abusos litúrgicos-doctrinales de tal consideración que hasta nuestros hermanos separados, los ortodoxos, los aprecian con preocupación.

La Iglesia Católica posee la Verdad y esta nunca cambiará. Somos los mismos católicos lo que la estamos deformando y es gracias a nuestro gran Papa Benedicto XVI, que se está revirtiendo el proceso centrando a la Iglesia en Cristo.

La Adoración y la Caridad deben ser tenida en cuenta de nuevo y no ser reducidas a una espirtualidad “descafeinada” y a una filantropía buenista.

La Verdad debe ser considerada inmutable a pesar del devenir humano y no como un conjunto de opiniones mejorables y cambiables según el hombre se cree más civilizado.

La Vida en el Espíritu debe ser recuperada mediante la verdadera Oración y no la búsqueda de una realización espiritual a través exclusivamente de un antropocentrismo materialista.

La Santa Liturgia y la Sana Doctrina deben configurar la Vida Espiritual Cristiana y no las ocurrencias improvisadas ni las “verdades” indemostrables basadas en teorías e hipótesis sin ningún tipo de fundamento.

Se impone volver a ser Iglesia. Y volver a ser de Cristo.

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Orbis Factor

Posted by francescopetrarca en 14 junio 2011

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