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Un “Cristazo” por sorpresa

Posted by francescopetrarca en 17 noviembre 2011

El siempre excelente padre José Fernando Rey Ballesteros (cuyo blog suelo seguir con fidelidad) pone la guinda en su texto más reciente en dos temas que pensaba tratar y justamente por los dos mismos puntos que expone:

Rechazo a los movimientos “Happy Hour” en Italia  que salieron a la palestra informativa hace poco en Religión en Libertad a raíz de unas palabras del Cardenal Rouco en los que invitaba a los jóvenes madrileños a “evangelizar hasta en las movidas”. Yo estoy segurísimo de que el cardenal no quería significar lo mismo que están haciendo en Italia algunos grupos de jóvenes, y que no detallo pues dejaré paso a las palabras del propio José Fernando; y de hecho según mi opinión se trata de prácticas bastante sectarias que distan mucho de lo que es evangelizar.

– La necesidad casi obsesiva de hacer “divertida” la Misa (a la que en mi caso particular últimamente asisto en mi parroquia pues nuestro sacerdote no admite “canciones modernas” y algunos jóvenes se indignan por ello ya que la misa se vuelve “aburrida”). Y es que la Misa no es una “fiesta muy alegre” como dice la infantil canción, sino que la Misa es el Santo Sacrificio, el Memorial de la Pasión, Resurrección y Gloriosa Ascensión, el Banquete Pascual… Y no es que esto no sea “alegre”, ¡por supuesto que lo es! Es una ALEGRÍA INMENSA e INFINITA el poder estar con el Señor… Pero es una Alegría de Gozo, no una alegría ñoña.

http://www.jfernandorey.es/blog/?p=525

***

Cuando un pescador ensarta con sumo cuidado el cebo en el anzuelo de su caña de pesca, sabe muy bien lo que hace. Sabe que el anzuelo no es, precisamente, atractivo para los peces, quienes, a pesar de no estar dotados de razón, deben presentir, de alguna manera, que semejante instrumento les causará la muerte. Por eso recubre el pincho mortal con el reclamo de una golosina, de un alimento apetitoso que haga que el pez incauto muerda el pincho y caiga en manos del autor de la trampa. ¡Bien por el pescador! Ha engañado al pez, y ha demostrado la superioridad de la raza humana sobre cualquier animal con amebas.

    Cuando los amigos de la web “Religión el libertad” animan a los cristianos a emplear la técnica de la “Happy Hour” para su apostolado entre los jóvenes, están invitándonos a hacer con ellos el mismo ejercicio que el pescador realiza con los peces. Aunque el Señor nos nombró a todos y a cada uno de nosotros “pescadores de hombres”, albergo serias dudas de que se refiriese, precisamente, a semejante práctica. Más bien, y por hablar claro, me parece una falta de respeto al prójimo, un pecado contra la verdad, y una ofensa al mismo Jesucristo. Me explico:

    La técnica de la “Happy Hour”, según explica la propia web, consiste en invitar a los jóvenes a la inauguración de un local de música y baile, al modo de cualquier sala de fiestas o discoteca, ofreciendo a los incautos una bebida gratis. Una vez que los chicos, animados por tan sugerente invitación, han llenado el local, durante los primeros cuarenta minutos está prohibido, para los “evangelizadores”, hablar de Jesucristo. Será -supongo- porque hay que esperar a que los pardillos se cuezan con la bebida, o será por cualquier otra razón que no creo pueda entender jamás. Pasados estos cuarenta minutos, de repente, se detiene la música, y se proyecta un vídeo en el que se les anuncia que Dios les ama. Es decir, que mordido el cebo, el joven que entró en la sala buscando un cubata, un mojito, y el ligue fácil se encuentra inesperadamente con un cristazo en la cabeza que lo deja tieso… O no, vaya usted a saber.

    El mensaje que nos están enviando los amigos de la web “Religión en libertad” no puede ser más claro: Jesucristo no es atractivo para los jóvenes, como el anzuelo no es atractivo para los peces. Si quieres que los chicos muerdan el anzuelo, primero tienes que disfrazarlo para que piquen. Es decir, que el mejor modo de proclamar el Evangelio entre la gente joven es usando la mentira. Porque hacer creer al joven que va a entrar en un local a beber y a ligar con la intención de asestarle un cristazo por sorpresa es mentirle, lisa y llanamente. Pidámosle al Demonio prestada su arma favorita, y empleémosla en servicio de Dios. Digámosle a Jesús de Nazareth: “Señor, tú no molas nada. Si hablamos de ti directamente, nos espantas la clientela. Pero deja que te maquillemos un poquito, y verás como te dejamos la mar de presentable”…

    Semejantes técnicas suponen una enorme carencia de la formación cristiana más básica, una dramática falta de fe, y una negación del Evangelio mismo. Muchos, seducidos por el markenting, se han echado en manos del “apostolado del estrellato”, y quieren número, número a toda costa: muchos éxitos, muchas conversiones… Pero el “a toda costa” les pierde. El fin nunca justifica los medios, y menos en este campo. En algo aciertan plenamente: la exposición clara y sin ambages del Rostro de Jesucristo, de la Cruz, y del Evangelio no despierta la euforia de multitudes; antes bien, despierta rechazo en un buen número de personas. Pero no porque no sea atractivo “el más hermoso de los hijos de Adán”, sino porque su atractivo está bañando en una enorme exigencia que hace que, tanto hace dos mil años como hoy, muchos se den la vuelta. Eso está escrito, aunque nos gustase cambiarlo “a toda costa”.

    La misma falta de fe ha movido y mueve a muchos, a lo largo de los últimos cincuenta años, a adornar la Eucaristía con música moderna, ágil, atractiva para el joven, convirtiendo la música litúrgica en cebo, y la Santa Misa -por tanto- en anzuelo. Parecen pensar: “la misa es aburridísima. Démosle un poco de ‘marchita’, porque, si no, los jóvenes se nos duermen”… Si la “Happy Hour” era un insulto al mismo Jesucristo, estas técnicas son una afrenta a la propia Eucaristía. Habría que recordar a muchos que no se nos pide que hagamos “divertida” la misa, sino que formemos a jóvenes y adultos para que descubran la belleza del Santo Sacrificio.

    Por si algunos no lo recuerdan, y por si otros no lo han vivido, hace sesenta años -no son muchos- la misa era en latín, y a nadie se le ocurría la patochada de vestir a Jesucristo de rapero ni empaparlo en cubatas. Y, sin embargo, los seminarios estaban llenos. Hoy, quienes quieren llenar las iglesias de música cutre-pop-adolescente y quieren llenar las salas de fiestas de incautos pececitos deberían echar un vistazo a los seminarios… ¿Qué se ha conseguido, con semejantes técnicas, en estos últimos sesenta años? Al final, el “apostolado del estrellato” tampoco funciona. Y es que el Demonio, cuando le pides prestadas sus armas, te las acaba reclamando, que para eso es el Demonio.

José-Fernando Rey Ballesteros

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