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Sobre la Inmaculada

Posted by francescopetrarca en 7 diciembre 2011

Mañana es fiesta grande en el Mundo, especialmente en nuestro país. No en vano, la Santísima Virgen Inmaculada es la patrona de España.

Pero a una mente inquieta le pueden asaltar algunas preguntas: ¿Qué sabemos de dicho dogma? ¿Por qué fue proclamado tan tardiamente en 1854 (¿es que la Iglesia se inventa dogmas así porque así?)? ¿Por qué tiene una relación tan estrecha con España?

 

 

 

Bíblicamente, el pasaje que nos habla claramente de la preservación de nuestra Santa Madre del pecado original desde su misma concepción es el siguiente:

 “Dios te salve, llena de gracia”  [Lc 1:28]

En este “llena de gracia” (“chaire kecharitomene”) con el que el ángel Gabriel saluda a María está poniendo en evidencia su purísima condición. De hecho, “llena de gracia” no se usa como un adjetivo a la persona de María… sino como un nombre, como un sujeto. Por eso dice la Escritura que María se turbó ante aquel saludo, pues la saludaba como a Reina libre de pecado en un estado de gracia sobreabundante que solo encuentra explicación bajo el dogma de la Inmaculada Concepción.

También la Patrística hace referencia a este hecho (vemos que la Iglesia siempre es custodia de la Verdad desde sus orígenes y que nunca inventa doctrinas). Orígenes dice de ella: “digna de Dios, inmaculada del inmaculado, la más completa santidad, perfecta justicia, ni engañada por la persuasión de la serpiente, ni infectada con su venenoso aliento “,  San Ambrosio dice que “es incorrupta, una virgen inmune por la gracia de toda mancha de pecado“, y San Agustín declara que todos los justos han conocido verdaderamente el pecado “excepto la Santa Virgen María, de quien, por el honor del Señor, yo no pondría en cuestión nada en lo que concierne al pecado“.

Y no solo estos autores, sino que otros hacen referencia a la conexión entre la pureza de María y su posición como Segunda Eva (la cual, recordemos, que fue creada libre de pecado) entre los que encontramos a San Justino, San Ireneo de Lyon, Tertuliano, San Cirilo de Jerusalén

Pero esta línea argumental nos lleva a rememorar a los Padres Sirios con San Efrén a la cabeza que nunca se cansaron de proclamar la impecabilidad de María: «La Santísima Señora, Madre de Dios, la única pura en alma y cuerpo, la única que excede toda perfección de pureza, única morada de todas las gracias del más Santo Espíritu [..], mi Señora santísima, purísima, sin corrupción, la solamente inmaculada».

Hasta ahí la justificación del dogma. Pero, ¿y cómo se originó la Fiesta?

La antigua fiesta de la Concepción de María (Concepción de Santa Ana), que tuvo su origen en los monasterios de Palestina a final del siglo VII, y la moderna fiesta de la Inmaculada Concepción no son idénticas en su origen, aunque la fiesta de la Concepción de Santa Ana se convirtió con el paso del tiempo en la de la Inmaculada Concepción.

Para determinar el origen de esta fiesta debemos tener en cuenta los documentos genuinos que poseemos. El más antiguo es el canon de la fiesta, compuesto por San Andrés de Creta, quien escribió su himno litúrgico en la segunda mitad del siglo VII. En la Iglesia Oriental la solemnidad emergió de comunidades monásticas, entró en las catedrales, fue glorificada por los predicadores y poetas, y eventualmente fue fijada fiesta en el calendario de Basilio II, con la aprobación de la Iglesia y del Estado.

En la Iglesia Occidental la fiesta aparece cuando en el Oriente su desarrollo se había detenido. El tímido comienzo de la nueva fiesta en algunos monasterios anglosajones en el siglo XI, en parte ahogada por la conquista de los normandos, vino seguido de su recepción en algunos cabildos y diócesis del clero anglo-normando. El definitivo y fiable conocimiento de la fiesta en Occidente vino desde Inglaterra; se encuentra en el calendario de Old Minster, Winchester, datado hacia el año 1030, y en otro calendario de New Minster, Winchester, escrito entre 1035 y 1056. Esto demuestra que la fiesta era reconocida por la autoridad y observada por los monjes sajones con considerable solemnidad.

Después de la invasión normanda en 1066, el recién llegado clero normando abolió la fiesta en algunos monasterios de Inglaterra donde había sido establecida por los monjes anglosajones. Pero hacia fines del siglo XI, a través de los esfuerzos de Anselmo el Joven, fue retomada en numerosos establecimientos anglo-normandos. Durante la Edad Media la Fiesta de la Concepción de María fue comúnmente llamada la «Fiesta de la nación normanda», lo cual manifiesta que era celebrada en Normandía con gran esplendor y que se extendió por toda la Europa Occidental.

Por un Decreto de 28 de Febrero de 1476, Sixto IV adoptó por fin la fiesta para toda la Iglesia Latina y otorgó una indulgencia a todos cuantos asistieran a los Oficios Divinos de la solemnidad. Para poner fin a toda ulterior cavilación, Alejandro VII promulgó el 8 de Diciembre de 1661 la famosa constitución «Sollicitudo omnium Ecclesiarum» en la que declaró que la inmunidad de María del pecado original en el primer momento de la creación de su alma y su infusión en el cuerpo eran objeto de fe.

Desde el tiempo de Alejandro VII hasta antes de la definición final, no hubo dudas por parte de los teólogos de que el privilegio estaba entre las verdades reveladas por Dios. Finalmente Pío IX, rodeado por una espléndida multitud de cardenales y obispos, promulgó el dogma el 8 de Diciembre de 1854.

 FREDERICK G. HOLWECK

 

Para concluir, ¿desde cuándo esta fiesta tiene relación con España? La Verdad es que sorprende la antigüedad de la conexión:  el rey visigodo Wamba (672-680) ya era titulado «Defensor de la Purísima Concepción de María» siendo este de los primeros monarcas devotos de la Inmaculada (casi simultáneamente al origen de la Fiesta en Palestina), aunque no el único pues lo serían: Fernando III el Santo, Jaime I el Conquistador, el emperador Carlos V y Felipe II.

La Inmaculada fue declarada fiesta de guardar en todos los reinos de su Majestad Católica (todo el Imperio español) en 1644 reconociéndola además como su patrona y protectora; sesenta y cuatro años antes de que se declarara fiesta de guardar en toda la Iglesia hacia el año 1708 por el Papa Clemente XI.

Debido a tal tenacidad en la Defensa del Dogma, después de que este fuera proclamado por el Papa Pío IX, los sacerdotes españoles y de las antiguas colonias españolas gozan desde 1864 del privilegio de vestir en la fiesta de la Inmaculada Concepción casulla azul.

 

Santa María, que los españoles de hoy tomemos ejemplo de nuestros antepasados y te seamos devotísimos para que confiemos siempre en tu protección y en tus ruegos y así, intercedas por todos nosotros ante tu Hijo, el Único Salvador.

Ora pro nobis.

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