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Octogesimo Anno de “Quadragesimo Anno”

Posted by francescopetrarca en 10 diciembre 2011

Un amigo me envió por correo un fragmento de una Encíclica del Papa Pío XI con el siguiente asunto: “Parece que fue escrito ayer“.

La verdad es que en estos últimos 150 años,  con perdón a los años y Papas precedentes, desde mi punto de vista hemos tenido Pontífices excelentísimos: Beato Pío IX, Leon XIII, S. Pío X, Benedicto XV, Pío XI, Pío XII, Beato Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Beato Juan Pablo II y por supuestísimo Benedicto XVI. Grandes Papas hechos de la madera de los santos, siempre claros y sin un solo “pero” que añadir en lo doctrinal. Cada uno necesario en su momento (¡ya se nota que el Espíritu es el que de verdad gobierna la Iglesia!) y cada uno de ellos debería ser releido constantemente pues los valiosos escritos que nos dejaron jamás pierden actualidad.

Juzguen si no el fragmento siguiente:

S.S PÍO XI ( de la Encíclica “Quadragesimo Anno”.1931)

 “Salta a los ojos de todos, en primer lugar, que en nuestros tiempos no sólo se acumulan riquezas, sino que también se acumula una descomunal y tiránica potencia económica en manos de unos pocos, que la mayor parte de las veces no son dueños, sino sólo custodios y administradores de una riqueza en depósito, que ellos manejan a su voluntad y arbitrio.

Dominio ejercido de la manera más tiránica por aquellos que, teniendo en sus manos el dinero y dominando sobre él, se apoderan también de las finanzas y señorean sobre el crédito, y por esta razón administran, diríase, la sangre de que vive toda la economía y tienen en sus manos así como el alma de la misma, de tal modo que nadie puede ni aun respirar contra su voluntad.

Esta acumulación de poder y de recursos, nota casi característica de la economía contemporánea, es el fruto natural de la limitada libertad de los competidores, de la que han sobrevivido sólo los más poderosos, lo que con frecuencia es tanto como decir los más violentos y los más desprovistos de conciencia.

Ultimas consecuencias del espíritu individualista en economía son esas que vosotros mismos no sólo estáis viendo, sino también padeciendo: la libre concurrencia se ha destruido a sí misma; la dictadura económica se ha adueñado del mercado libre; por consiguiente, al deseo de lucro ha sucedido la desenfrenada ambición de poderío; la economía toda se ha hecho horrendamente dura, cruel, atroz.

A esto se añaden los daños gravísimos que han surgido de la deplorable mezcla y confusión entre las atribuciones y cargas del Estado y las de la economía, entre los cuales daños, uno de los más graves, se halla una cierta caída del prestigio del Estado, que, libre de todo interés de partes y atento exclusivamente al bien común a la justicia debería ocupar el elevado puesto de rector y supremo árbitro de las cosas; se hace, por el contrario, esclavo, entregado y vendido a la pasión y a las ambiciones humanas.

Por lo tanto —y nos servimos de las palabras de las palabras de nuestro predecesor León XIII—, si hay que curar a la sociedad humana, “sólo podrá curarla el retorno a la vida y a las costumbres cristianas” (Rerum novarum, 22). Sólo ésta, en efecto, puede aportar el remedio eficaz contra la excesiva solicitud por las cosas caducas, que es el origen de todos los vicios; ésta la única que puede apartar los ojos fascinados de los hombres y clavados en las cosas mudables de la tierra y hacer que los levanten al cielo. ¿Quién negará que es éste el remedio que más necesita hoy el género humano?

Los verdaderamente enterados sobre cuestiones sociales piden insistentemente una reforma ajustada a los principios de la razón, que pueda llevar a la economía hacia un orden recto y sano. Pero ese orden quedará en absoluto manco e imperfecto si las actividades humanas todas no cooperan en amigable acuerdo a imitar y, en la medida que sea dado a las fuerzas de los hombres, reproducir esa admirable unidad del plan divino; o sea, que se dirijan a Dios, como a término primero y supremo de toda actividad creada, y que por bajo de Dios, cualesquiera que sean los bienes creados, no se los considere más que como simples medios, de los cuales se ha de usar nada más que en la medida en que lleven a la consecución del fin supremo.”

***

No necesita ningún comentario. A este mundo hemos venido a ser administradores y custodios de la Creación [Gn 2, 15] y a Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Sin tener en cuenta estos mandamientos, no se puede buscar el bien común (ni material ni espiritual), y solo desembocamos en injusticias, opresiones, fraudes, corruptelas, abusos, infidelidades, herejías y tiranías. 

La verdad es que Doctrina Social de la Iglesia hay que estudiar y mucha, porque en ese Magisterio de los Papas de estos últimos tiempos están las claves para solucionar los problemas que tenemos hoy en día. Sí, parece que fueron escritas ayer… Porque la Verdad siempre será válida.

 

3 comentarios to “Octogesimo Anno de “Quadragesimo Anno””

  1. Rafael said

    Todo lo que no se haga a mayor gloria de Dios, incluída la economía, va cojo y renqueante, cuando no inútil. Ya me lo decían mis preceptores jesuitas, los de entonces,: AMDG = Ad Maiorem Dei Gloriam.

  2. 2112075 said

    jaaa lindo like.¡¡

  3. 2112075 said

    peo no entiendo mmmm k malllllll .¡¡¡¡¿

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