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La Distopía y la ausencia de Dios

Posted by francescopetrarca en 12 febrero 2012

La distopía es la perfecta oposición y perverso reverso de la utopía. Y aunque el término no nos suene y nos parezca extraño, es una de las grandes preocupaciones del hombre moderno. Las distopías se han manifestado a lo largo del siglo XX y XXI frecuentemente a través de libros tan famosos como 1984 de Orwell o Un mundo feliz  de Huxell o de películas de Hollywood como La Isla o la muy reciente In time. Y desde luego que todas, tanto en versión película como en la literatura, ofrecen una visión aterradora del futuro.

Suelen incidir en temas similares y relacionados a veces entre sí: excesivo control de la población bajo la apariencia de proteger o buscar la felicidad de los individuos, graves consecuencias éticas de la clonación humana, manipulación de la información (y por tanto del conocimiento), explotación asfixiante de la sociedad a manos de una élite, el mal del aborto o el odio hacia la maternidad y por tanto la ausencia de juventud… etc.

Pero sorprendetemente suele haber un gran punto en el que todas las distopías están de acuerdo: la ausencia de Dios y de la Religión. En esos mundos imaginarios, en esas sociedades inventadas, Dios no cuenta para nada, está ausente de la vida y de la Historia, como si el ser humano no fuera un ser religioso y jamás se hubiese planteado preguntas fundamentales. Solo existe y solo hay hombre y materialidad. Punto.

Las distopías están mayoritariamente pensadas por sus autores para advertir a nuestra generación de los peligros que podría enfrentar la humanidad si tomara tal o cual dirección y planean ser una solución humana para el problema del mal: una especie de profecía o advertencia. Pero es una solución que se abandona a un tratamiento exclusivamente antropocéntrico de la existencia y naturaleza humana dando de lado a la principal de las variables del ejercicio: Dios. Y es que toda sociedad marcha hacia la Distopía si elige el Camino que no lleva a Dios. 

Esta búsqueda de corregir el devenir de la humanidad hacia el desastre por parte de la distopía es un signo muy bueno. Existe preocupación ante ciertos temas éticos: aborto, clonación, fecundación in vitro, libertad… y existe deseo por parte de algunas personas de buena voluntad de corregir esas actitudes que llevan hacia la cultura de la muerte; ¡y mucho más! Existe valentía para denunciarlo y exigir un cambio de dirección. Pero el punto de reflexión final al que nos deben llevar, es a comprender que la causa de la infelicidad y de la extrema maldad a la que llegan esas sociedades antiutópicas es que el hombre está sin Dios y sin Él vive en un infierno.

Además, las distopías asustan al hombre de a diario puesto que son el producto directo del estado de conciencia que ha tomado la Humanidad después de las atrocidades del s. XX. La bondad natural del hombre que predicaba Rousseau nunca más quedó tanto en entredicho y si el hombre cometió semejantes crímenes, ¿cuáles no cometerá en el futuro?. No queda más que la desesperación. Mas nosotros los cristianos debemos recordar al mundo una y otra vez que no tenga miedo, que se abandone a Dios. En Él solo está nuestra Felicidad y nuestro Bien. Con Él solo podemos construir una sociedad verdaderamente justa y buena: su Reino, que ya empezamos a realizar aquí con nuestra vida santa y que algún día se instaurará por los siglos de los siglos en los Nuevos Cielos y Tierra y donde ya no habrá llanto ni dolor y donde Él será la Luz que nos ilumine.

Dios ya ha vencido. El derrotado es el hombre que rehusa participar de esa Victoria y elige el camino de la distopía.

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