Páginas al viento

Un lugar donde reflexionar… Por Francisco Javier R. S.

  • Intenciones del Santo Padre. Julio 2015

    Intención general

    Para que la responsabilidad política sea vivida a todos los niveles como una forma elevada de caridad.

    Intención misionera
    Para que, ante las desigualdades sociales, los cristianos de América Latina den testimonio de amor a los pobres y contribuyan a una sociedad más fraterna.

  • Vídeo mensual

    Vídeo sobre como ser un digno servidor del altar (en inglés)

    The Altar Server

  • Visión Actual

    Publicación de la Comisión Teológica Internacional sobre la Teología Hoy.

    Publicación

Archive for 30 marzo 2012

Para ser un buen nazareno

Posted by francescopetrarca en 30 marzo 2012

Hoy Viernes de Dolores es un día importante en mi humilde barrio: sale en procesión la imagen de Nuestra Señora Mediadora de la Salvación y como buen hijo de mi barrio, saldré en procesión con mi gente. Ahora bien, todos o casi todos conocemos la Semana Santa Andaluza y todo lo tradicional y social que hay dentro de ella y por eso digo “saldré con mi gente“. Pero, ¿qué se debe tener en cuenta para salir en procesión como buen hijo de Nuestra Madre, como buen Amigo de Dios? Es decir, celebrar no solo lo tradicional y social sino también lo religioso y que este aproveche para el alma.

Primero, hay que recordar que el significado de la palabra “nazareno” es una evidente alusión al mismo Jesús. Tampoco hay que olvidar que a los nazarenos en algunos lugares se les suele llamar “penitentes”, que nos hablan del sentido pasional de esta pequeña peregrinación a la que llamamos “procesión”. Y una vez interiorizados y comprendidos estos términos en nuestro corazón, debemos esforzarnos en aplicar lo siguiente:

Permanecer en silencio el máximo tiempo posible en recuerdo del silencio penitente de Jesús en su Pasión, pues ni una queja salió de su boca.

Permanecer en actitud “penitente” y “sufriente”. Nuestra penitencia es nuestro caminar en la marcha procesional y nuestro sufrimiento es identificarnos con el dolor de María por ver a su Hijo en la Cruz por todos nosotros.

Permanecer en actitud contemplativa y orante, pendientes de los Misterios que ocurrieron, que hoy representamos y que revivimos cada vez que acudimos a la Santa Misa.

Rezar oraciones, especialmente el Rosario, constantemente por distintas intenciones: particulares, familiares, de la Iglesia, del mundo…

Con la gracia de Dios recibiremos gran fortaleza espiritual y habremos aprovechado nuestra salida procesional no solo en nuestra alma, sino en las de todos a nuestro alrededor y para el Bien de la misma Iglesia.

¿Y sobre los hombres de trono no digo nada? Me quería centrar especialmente en los nazarenos, entre los que yo formo parte, pero algo también tengo que decirles aparte de todo lo dicho ya, que también se les aplica. Yo los llamaría Cireneos, porque ellos se esfuerzan en cargar en sus hombros la Cruz del Señor y con este espíritu deben salir en procesión: “Señor, carga sobre mí el peso de la Cruz, permíteme estar a tu lado, para que como tú, me entregue al Servicio de todos los hombres por Amor”.

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El ateísmo

Posted by francescopetrarca en 20 marzo 2012

Muchos conoceremos a personas ateas o al menos nos las hemos encontrado en la Red y hemos leído sus comentarios en blogs y periódicos digitales. Como norma general todos hemos podido notar que son individuos que se presentan a sí mismos como seres plenamente civilizados, profundos amantes de la ciencia y de todo progreso, extremadamente tolerantes… Pero en lo poco que podamos profundizar un poco más en su personalidad, nos encontramos con personas llenas de prejuicios y un desconocimiento total de la Fe y la Religión; pero eso no les impide pontificar y criticar sobre lo que no saben, ni confudir churras con merinas en asuntos dógmaticos o de fe o de moral; y por supuesto entre sus prejuicios favoritos está el pensar que los creyentes no amamos la civilización sino la barbarie, ni amamos la ciencia ni la razón ni el progreso (aunque eso sí, solo el buen progreso), ni somos personas tolerantes…

En el fondo, el ateísmo como tal es una creación del hombre occidental. Podemos observar como en Oriente jamás surgió el ateísmo a lo largo de la Historia, aunque hoy en día se encuentre minoritariamente presente debido a la globalización; y es que el ateísmo solo puede surgir como contrarrespuesta a un Dios Personal, como rebelión a ese Ser Divino que se da a conocer revelándose al hombre. Esta rebelión está íntimamente relacionada con el cristianismo y por tanto intenta emularlo de alguna manera como opuesto: en realidad el ateísmo es una Fe, una nueva Religión con su propia “ley de oro”:

1. Negarás a Dios sobre todas las cosas, con toda tu mente y con todas tus fuerzas (ya que no olvides que el alma no existe y el corazón es solo un órgano que bombea) e intentarás que todo lo que tenga que ver con Él y la Religión desaparezca de la Sociedad.

2. Te mostrarás extremadamente filantrópico con todos los hombres y esto consiste en liberarlos a todos, especial y destacadamente a los creyentes en la Fe cristiana, de sus creencias infantiles.

Por todo esto, a los ateos a la hora de hablar con ellos, no hay que considerarlos como a gente que no tienen Fe, sino todo lo contrario; y puesto que su Fe es tan dañina no tanto para los otros sino para sí mismos, hay que tratarlos con extrema delicadeza y compasión. No solamente hablo del daño espiritual propio de apartarse de la gracia del Señor, sino también del daño físico y psíquico que crea en estas personas una religión del odio y de la negación. ¡Especialmente porque luchan contra lo que ellos mismos no creen: Dios y la vida ultraterrena!

Pero siguiendo con su emulación de la Fe Cristiana:

“Porque Cristo Jesús, el Hijo de Dios, a quien Silvano, Timoteo y yo predicamos entre vosotros, no es “sí” y “no” al mismo tiempo. Cristo es el “sí” de Dios.” (2 Cor 1,19)

Vemos como han trastocado todo este pasaje hasta convertirse a sí mismos en apóstoles y predicadores del NO y ser ellos la personificación de Cristo como el NO de Dios.

Como conclusión, hay que evangelizar a los ateos como si creyentes de otra Fe se trataran o como cuando se instruye a un hermano cristiano que se equivoca en asuntos de Fe. El ateísmo solo se supera con una muy minuciosa formación religiosa, pues el ateísmo vive del desconocimiento de la Religión y su fuerza está en la negación de la Verdad que nunca han oído. Además, muchísimas veces además, los ateos son personas “peleadas con Dios”, que no le conocen bien y le acusan de todos los males y por eso le odian. Por tanto, hay que predicarles ya que no le comprenden.

Y quizás para emular a Santiago, no solo mostrarles la fe sino también las obras para que crean:

y yo con mis obras te mostraré mi fe” (Sant 2, 18)

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Iglesia y gays: la distancia entre la impresión y la realidad

Posted by francescopetrarca en 19 marzo 2012

Artículo que resume y analiza tres noticas de actualidad relacionadas con la Iglesia y la homosexualidad extraído del blog  “La Iglesia en la prensa“.

http://www.laiglesiaenlaprensa.com/2012/03/el-enfrentamiento-de-la-comunidad-gay-con-la-iglesia-en-tres-pa%C3%ADses-distintos-y-por-motivos-distintos-es-el-sustrato.html

***

El enfrentamiento de la “comunidad gay” con la Iglesia en tres países distintos y por motivos distintos es el sustrato común de tres noticias que me han llamado la atención. Son tres episodios que muestran también la diferencia entre la “primera versión” de los hechos y una información más completa; una cuestión no secundaria, pues ya se sabe que en temas de comunicación quien da primero da dos veces: las correcciones tienen de ordinario poca visibilidad.

La primera noticia la refirió en portada el diario Washington Post: un sacerdote negó la comunión a una lesbiana en el funeral de su madre. A pesar de ser un hecho local y privado, la noticia dio la vuelta al mundo como expresión de intransigencia y crueldad. Incluso la diócesis, en vista del revuelo, se excusó y el sacerdote se convirtió en una figura cuando menos sospechosa. Lo que ocurre es que, días después, personas que estaban presentes en la ceremonia ofrecieron una versión muy distinta de los hechos. Por ejemplo, la negativa del sacerdote –que actuó en conciencia- fue tan delicada e imperceptible para los demás que la interesada recibió la comunión en otra fila de fieles. No hubo humillación pública. Por otra parte, consta que la propia interesada se presentaba públicamente como budista. Con esos datos, el escándalo se desinfla. Pero eso ya no apareció en la prensa.

La segunda se refiere a los funerales del cantante italiano Lucio Dalla, celebrados en la catedral de Bolonia. La polémica surgió cuando una periodista de la RAI calificó en directo a la Iglesia de hipócrita, pues concedía el funeral a una persona de la que se sabía que era homosexual. La condición, según ella, es: “basta que no digas que eres gay si quieres tener un funeral católico”. En esa línea de la “hipocresía” se manifestaron otros comentaristas. En este caso, la reacción crítica fue particularmente fuerte, comenzando por los amigos de Dalla, que subrayaron que el cantante nunca había hablado de su presunta homosexualidad, que nunca se había considerado gay. Si él no había querido hablar públicamente de ello, ¿qué derecho tienen los demás a hacerlo? ¿Con qué certezas? En el fondo, lo que parece que ha escandalizado a algunos es que el cantautor viviera una vida cristiana y recibiera frecuentemente los sacramentos. Y también el hecho de que la Iglesia acoja a todos.

El tercer episodio es la discusión en Gran Bretaña sobre el matrimonio gay. Teniendo en cuenta la reacción mediática a un artículo sobre el tema del cardenal O’Brady (al que nos referimos en una entrada anterior), daría la impresión de que todo el Reino Unido brama por cambiar la naturaleza del matrimonio. Pero resulta que, según un sondeo realizado por “ComRes” para “Catholic Voices”, el 70 por ciento de la población está en contra de tal cambio. En este sentido, parece particularmente acertado el análisis del director de Spiked: el matrimonio gay se ha convertido en el tema con el que la élite manifiesta su superioridad ante las masas de pardillos. No hay ninguna presión social, es simplemente la piedra de toque para mostrar lo liberal y lo progresista que eres…

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Somos Culpables

Posted by francescopetrarca en 14 marzo 2012

Es de actualidad el tema de la Nueva Evangelización y gracias a querer impulsar ésta, la Iglesia está envuelta en un periodo de autoanálisis. Unos dicen: “La Iglesia tiene que modernizarse de una vez por todas y abrirse al mundo”. Otros: “La Iglesia tiene que volver a antes del Concilio e intentar hacer borrón y cuenta nueva con todos estos desmanes”. Otros: “La culpa es del mundo que no tiene Fe”. Otros: “En nuestros días es que no hay Caridad”, etc etc… Yo desde mi punto de vista personal, de lo que veo día a día como cristiano, quiero aportar mi propio análisis y crítica en todo este asunto: somos culpables de no decir la Verdad.

Toda esta crisis eclesial surge porque existe una crisis de Verdad: una rebaja de Evangelio y una desconsideración hacia la Doctrina sana. Y es que cuando no se predica la Verdad Completa, se pierde la autoridad que proporciona esa misma Verdad y como consecuencia se llega al incumplimiento y a la increencia. Citando a San Pablo:

¿Cómo van a creer en él si no han oído hablar de él? (Rom 10, 14)

¿Cómo van a creer si les han presentado un Cristo devaluado? ¿Cómo van a querer ser seguidores de un Maestro que no enseña? ¿Cómo van a querer ser sacerdotes y religiosos/as de un Camino, Verdad y Vida que no se muestra ni se vive? ¿Cómo va a haber esposos verdaderamente amantes si nadie les predica qué es el Amor? ¿Cómo va a haber conversos hacia una Fe vana y vacía? Y en esto hemos fallado todos: todos somos culpables, aunque mayor culpa tienen quienes más alto están y por la estructura jerárquica de la Iglesia, se ha extendido en cadena:

– Algunos obispos en muchos casos no han guardado el depósito de la fe que les ha sido confiado (1 Tim 6, 20), otros lo han guardado pero no lo han manifestado ya sea por miedo o por desidia y por tanto han dejado a las ovejas desprovistas de protección. Tampoco han mantenido la Ortodoxia en sus Seminarios ni centros de formación y han acabado imponiendo las manos para ordenar prebísteros sin pensarlo bien (1 Tim 5, 22).

– Los sacerdotes han reproducido lo que han aprendido en los Seminarios y han visto a ejercer a los obispos y por tanto sus fieles quedan desatendidos de igual manera.

– De los laicos no han podido salir ni buenos catequistas ni buenos padres y madres de familia que enseñen la Verdad completa a sus alumnos o hijos porque tampoco la han oído de su más inmediato maestro: el sacerdote.

– ¡Y qué decir de los teólogos los cuáles hoy en día tienen y defienden hipótesis cada vez más extrañas a la Fe Cristiana!

Y así, puesto que los Cristianos somos un Cuerpo Místico, un simple virus ha contaminado todos los Miembros dejándonos postrados en la cama e impotentes para la Evangelización. Y por eso se nota cuando en una Parroquia hay un sacerdote verdaderamente fervoroso o en una diócesis gobierna un Obispo con mayúsculas: surgen vocaciones, los fieles viven más intensamente, oran de verdad, no se pierden ni un sacramento (¡necesidad de la Confesión!), tienen deseos en conocer la Fe y la Palabra… Mientras tanto, en la gran mayoría de las parroquias de muchísimas diócesis se vive una situación desoladora: fieles que no acuden a los sacramentos o que acuden sin estar debidamente dispuestos o preparados, fieles que no conocen la doctrina, no existe la adoración, ni el silencio, ni la oración, ni la práctica de la moral cristiana… ¿Y cómo van a creer si no se les predica?

A veces produce cierta impotencia: ¿y yo por qué tengo que ser el único en una iglesia abarrotada que se arrodille durante todo el Canon de la Misa? ¿Y yo por qué tengo que ser el único que estudia el Catecismo y la Biblia? ¿Y yo por qué tengo que seguir la Verdad Completa y no amoldarme a las mismas “verdades” que siguen el resto? ¿Y yo por qué tengo que predicar a los demás lo que ni el mismo sacerdote de mi parroquia predica? Y es que se llega a situaciones dramáticas (y todas son reales y verídicas): Catequistas parroquiales que no han leído jamás el Catecismo (¡cómo puede ser esta incoherencia!), cristianos que no conocen el Prólogo del Evangelio San Juan (¡pero si es la esencia de toda la Teología cristiana!), malas caras a la hora de recibir una catequesis formativa auténtica por querer reducir todo el cristianismo a un mero “reunir de grupos a charlar” (siquiera a orar), sacerdotes que se ríen de las prácticas de abstinencia y ayuno o se burlan de los milagros de Jesús, o peor aún: a un recién convertido que le predicas la Verdad Completa y le enseñas a orar y a adorar a nuestro Señor, cuando lo llevas a Misa se escandaliza de que nada se parece a lo que le has predicado: ni adoración (nadie arrodillado nunca), ni predicación ortodoxa, ni liturgia cuidada…  Y entonces los pocos que verdaderamente buscan la Verdad Completa se plantean: “¿seré yo el equivocado? ¿Por qué solo yo tengo que ser firme? ¿Para qué seguir evangelizando si parece que yo soy el único que busca seguir al Papa?” y los más acaban desinflándose y dejándose llevar por la masa cristiana inerte…

Ahora estamos en un momento difícil. El Papa no cesa de repetirnos que nos convirtamos al Evangelio de Jesús, aquel que murió en la Cruz por nosotros y Resucitó de entre los muertos y nos llama a la Nueva Evangelización. Pero ahora es un momento difícil, porque la Verdad ha sido edulcorada y en muchos lugares no se conoce e incluso se llega al extremo de que la Verdad se hace molesta y se intenta acallar pues se prefiere seguir viviendo en un cristianismo ONGero que no comprometa a nada: ni en el ámbito de fe ni en el ámbito del amor ni en el de la esperanza ni en un cambio profundo y radical de vida. Pero tenemos que hacerlo. Cada uno donde pueda y en el cargo que tenga debe predicar con Amor la Verdad y estar listo para dar razón de nuestra Esperanza (1 Pe 3, 15) dentro de la misma Iglesia.

“Como niños recién nacidos apeteced la leche espiritual no adulterada, para que alimentados con ella crezcáis en orden a la salvación” (1 Pe 2, 2).

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Sobre el Demonio- San Agustín

Posted by francescopetrarca en 8 marzo 2012

“Cuando es acusado, el diablo se goza. Es más, quiere que le acuses, acepta gustosamente toda tu recriminación, ¡si esto sirve para disuadirte de hacer tu confesión!” (San Agustín)

 

Empecemos hablando claro: el Demonio existe y siempre está rondando alrededor de todos nosotros buscando a quién perder. Pero al mismo tiempo que hoy en día nos encontramos en el Pueblo de Dios de hoy un error por defecto: el considerar al Diablo como un ser irrelevante o incluso negar su existencia; también podemos caer, como hombres pecadores que somos, en un error por exceso: ver la mano del Tentador en todas nuestras faltas.

Muchísimos santos nos recuerdan que en esta existencia terrenal hay tres tipos de tentaciones: las del Mundo, las de la Carne y las del Diablo; y el buen cristiano debe lucharlas todas. El Diablo está presente sí, y su voz insinuante y tentadora nos acompaña muchísimas veces, pero no siempre tiene la culpa: a veces es simplemente nuestra más profunda concupiscencia, una concupiscencia que no queremos abandonar o simplemente somos tan amigos del Mundo que no queremos rehusar ni a sus goces ni a sus delicias. Y entonces cuando caemos le gritamos: “¡Me haces pecar malvado! ¡Vete!”. Pero él se goza. Él se ríe y se burla pues le achacamos el mal que hacemos por nuestra carne o por seguir al mundo, y así no nos convertimos. Él ha ganado por habernos hecho creer en la falsedad a fe ciega y así evitar nuestro arrepentimiento auténtico. No en vano él es el Príncipe de la Mentira y disfruta con nuestras equivocaciones.

Por eso nosotros, no debemos olvidar que él existe pero que con Cristo tenemos la Victoria sobre él. Solo su Gracia y un acudir a los sacramentos de forma constante y correcta, como manda la Iglesia, podremos librarnos de las insidias del Enemigo. Vencer al mal con el Bien, ser testigos del Resucitado en medio de esta generación descreída y pregonar el Amor y el Perdón de Dios aplicándolo en nuestras vidas y con nuestro prójimo. Solo así podremos oír en nuestro corazón y en nuestra alma las palabras de Jesús: “Veía caer a Satanás como un rayo“, para luego llegar el día en el que el Cristo nos coronará con la vida imperecedera, dándonos el premio por pura gracia en nuestra carrera por la Vida y reinaremos con Él en su Reino de Justicia y Derecho.

Para concluir, me gustaría señalar que es curioso leer como parece ser que en tiempos de San Agustín los cristianos dejaban de confesarse pues achacaban sus pecados al Demonio y así consideraban que no habían perdido la gracia de Dios, mientras que hoy en día muchas veces la ausencia de Confesión viene de una visión casi totalmente opuesta: o no existe el Diablo ( y por tanto ni el mal ni el castigo) o no somos tan malos (sino buenos) y por tanto no necesitamos del perdón de los pecados. No huyamos de la Confesión. Es nuestra única vía de escape cuando nos asfixia el olor a cadáver que desprende un alma en pecado mortal.

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Fariseísmo

Posted by francescopetrarca en 5 marzo 2012

Artículo de Juan Manuel de Prada en el que nos demuestra por boca de Leonardo Castellani que una de las grandes tentaciones de los miembros de la Iglesia es caer en las múltiples formas de fariseísmo.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=21094

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En un artículo clarividente titulado «Sobre tres modos católicos de ver la guerra española», publicado en 1937, Leonardo Castellani —haciendo gala, una vez más, de esa libertad intelectual que procura la fe, cuando es verdadera— empieza ofreciendo una «visión humana» de nuestra Guerra Civil, declarándose partidario de Franco: «La pura y simple humanidad del hombre le impone que, al ver dos riñendo, desee que uno gane, aunque no sea sino por amor de la paz o de las situaciones claras; y que no gane el peor». Pero a Castellani no le basta con esta mera «visión humana»; y lanza a continuación una «visión filosófica» que «considere también lo que hubo antes y lo que vendrá después, sacando consecuencias y enseñanzas». Y aquí Castellani afirma que «esta guerra tiene por lo menos una de sus raíces en la injusticia social»; y añade: «Toda esa sangre de cristianas venas (porque también marxistas españoles tienen sangre —y quizá algunos alma— de bautizados) ha sido reclamada ante Dios por una gran pirámide de pecados previos contra el pobre, de pecados contra el hermano, de pecados contra el débil, de pecados contra el niño, de pecados contra Dios. De pecados desos que dice la Escritura claman al cielo. Y no me parece imposible que en esa mole de pecados que ahora se lava en sangre estuviesen también representados algunos de los que ahora más vociferan. Este señalamiento de los pecados contra la justicia social —pecados que claman al cielo— como una de las raíces de la Guerra Civil me parece admirable, viniendo de alguien que no muestra rebozo alguno en proclamarse partidario de Franco. Pero aún Castellani ahonda más; y nos ofrece una tercera «visión teológica» de la guerra, preguntándose «por qué una parte del admirable pueblo español se puso de golpe a odiar a Dios, es decir los sacerdotes, monjas, templos, cálices, crucifijos, imágenes; las imágenes terrenas de Dios».

No basta, a juicio de Castellani, con decir que «los rusos se lo enseñaron», ni siquiera con añadir que a los rusos se lo enseñó Satán. «¿Quién soltó a Satán?», se pregunta Castellani. Y entre las causas que soltaron a Satán, Castellani menciona una enfermedad de la fe: el fariseísmo, una «esclerotización de lo religioso» o «traspaso de la mística en política», que acaba convirtiéndose en «odiosa y criminosa hipocresía, mezcla de orgullo, ambición, avaricia, mentira, impiedad y dureza, con infinidad de grados medios: aulicismo, curialismo, clericalismo, ritualismo, fachadismo o religión de aparato, ambicioncilla, intriguilla eclesiástica, etcétera». El odio al fariseísmo, nos recuerda Castellani, fue empresa personal que Cristo cargó sobre sus espaldas, a sabiendas de que le costaría la vida, sin desdeñar la invectiva —raza de víboras, sepulcros blanqueados— y la fusta; y tiene que ser empresa que prosiga la Iglesia, «poniendo la misericordia y la justicia por encima de las ceremonias», para mantener vivo el corazón de la religiosidad, para no favorecer ese odio a Dios que en los años de la Guerra Civil alcanzó cúspides de inhumanidad y bestialismo.

En este combate contra el fariseísmo la Iglesia se juega mucho; sobre todo en épocas como la nuestra, en que la injusticia social —pecado que clama al cielo— vuelve a campar por sus fueros. De esta preocupación nos dio ejemplo Juan Pablo II, con obras tan preclaras como la encíclica Laborem exercens, de cuya proclamación acaban de cumplirse treinta años. Sorprende que no se haya aprovechado este aniversario para refrescar las inequívocas enseñanzas de justicia social que en dicha encíclica se contienen; y es que el veneno sutil del fariseísmo sigue haciendo de las suyas.

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Catecismo Mayor de San Pío X

Posted by francescopetrarca en 4 marzo 2012

He considerado de grandísimo interés incluir en el apartado de otros autores un enlace que nos lleva al Catecismo Mayor de San Pío X siendo esta una edición de 1973 completamente actualizada (en el sentido de que en él se menciona cómo Pío XII proclamó como dogma de Fe la Asunción de la Santísima Virgen).

Para mí, puesto que la Verdad Católica nunca cambia, es un Catecismo que viene a decir lo mismo que el Catecismo que nos legó Juan Pablo II pero con la particular firmeza,  belleza, sencillez y claridad de la escritura de San Pío y no hace más que tornarse un imprescindible complemento del actual. Como ejemplo algunas sentencias tan necesarias para la Nueva Evangelización:

129. El Protestantismo o religión reformada, como orgullosamente la llaman sus fundadores, es el compendio de todas las herejías que hubo antes de él, que ha habido después y que pueden aún nacer pira ruina de las almas.”

“115.- ¿Basta para salvarnos que Jesucristo haya muerto por nosotros? – Para salvarnos no basta que Jesucristo haya muerto por nosotros, sino que es necesario aplicar a cada uno el fruto y los méritos de su pasión y muerte, lo que se hace principalmente por medio de los sacramentos instituidos a este fin por el mismo Jesucristo, y como muchos no reciben los sacramentos, o no los reciben bien, por esto hacen para sí mismos inútil la muerte de Jesucristo.”

“623.- ¿Débese adorar la Eucaristía? – La Eucaristía debe ser adorada de todos, porque contiene verdadera, real y sustancialmente al mismo Jesucristo Señor nuestro.”

“630.- ¿Cuántas cosas son necesarias para hacer una buena Comunión? – Para hacer una buena Comunión son necesarias tres cosas: 1ª., estar en gracia de Dios; 2ª., guardar el ayuno debido; 3ª., saber lo que se va a recibir y acercarse a comulgar con devoción.”

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CATECISMO MAYOR de San Pío X

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Missa Susanne un Jour de Orlando di Lassus

Posted by francescopetrarca en 4 marzo 2012

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