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El ateísmo

Posted by francescopetrarca en 20 marzo 2012

Muchos conoceremos a personas ateas o al menos nos las hemos encontrado en la Red y hemos leído sus comentarios en blogs y periódicos digitales. Como norma general todos hemos podido notar que son individuos que se presentan a sí mismos como seres plenamente civilizados, profundos amantes de la ciencia y de todo progreso, extremadamente tolerantes… Pero en lo poco que podamos profundizar un poco más en su personalidad, nos encontramos con personas llenas de prejuicios y un desconocimiento total de la Fe y la Religión; pero eso no les impide pontificar y criticar sobre lo que no saben, ni confudir churras con merinas en asuntos dógmaticos o de fe o de moral; y por supuesto entre sus prejuicios favoritos está el pensar que los creyentes no amamos la civilización sino la barbarie, ni amamos la ciencia ni la razón ni el progreso (aunque eso sí, solo el buen progreso), ni somos personas tolerantes…

En el fondo, el ateísmo como tal es una creación del hombre occidental. Podemos observar como en Oriente jamás surgió el ateísmo a lo largo de la Historia, aunque hoy en día se encuentre minoritariamente presente debido a la globalización; y es que el ateísmo solo puede surgir como contrarrespuesta a un Dios Personal, como rebelión a ese Ser Divino que se da a conocer revelándose al hombre. Esta rebelión está íntimamente relacionada con el cristianismo y por tanto intenta emularlo de alguna manera como opuesto: en realidad el ateísmo es una Fe, una nueva Religión con su propia “ley de oro”:

1. Negarás a Dios sobre todas las cosas, con toda tu mente y con todas tus fuerzas (ya que no olvides que el alma no existe y el corazón es solo un órgano que bombea) e intentarás que todo lo que tenga que ver con Él y la Religión desaparezca de la Sociedad.

2. Te mostrarás extremadamente filantrópico con todos los hombres y esto consiste en liberarlos a todos, especial y destacadamente a los creyentes en la Fe cristiana, de sus creencias infantiles.

Por todo esto, a los ateos a la hora de hablar con ellos, no hay que considerarlos como a gente que no tienen Fe, sino todo lo contrario; y puesto que su Fe es tan dañina no tanto para los otros sino para sí mismos, hay que tratarlos con extrema delicadeza y compasión. No solamente hablo del daño espiritual propio de apartarse de la gracia del Señor, sino también del daño físico y psíquico que crea en estas personas una religión del odio y de la negación. ¡Especialmente porque luchan contra lo que ellos mismos no creen: Dios y la vida ultraterrena!

Pero siguiendo con su emulación de la Fe Cristiana:

“Porque Cristo Jesús, el Hijo de Dios, a quien Silvano, Timoteo y yo predicamos entre vosotros, no es “sí” y “no” al mismo tiempo. Cristo es el “sí” de Dios.” (2 Cor 1,19)

Vemos como han trastocado todo este pasaje hasta convertirse a sí mismos en apóstoles y predicadores del NO y ser ellos la personificación de Cristo como el NO de Dios.

Como conclusión, hay que evangelizar a los ateos como si creyentes de otra Fe se trataran o como cuando se instruye a un hermano cristiano que se equivoca en asuntos de Fe. El ateísmo solo se supera con una muy minuciosa formación religiosa, pues el ateísmo vive del desconocimiento de la Religión y su fuerza está en la negación de la Verdad que nunca han oído. Además, muchísimas veces además, los ateos son personas “peleadas con Dios”, que no le conocen bien y le acusan de todos los males y por eso le odian. Por tanto, hay que predicarles ya que no le comprenden.

Y quizás para emular a Santiago, no solo mostrarles la fe sino también las obras para que crean:

y yo con mis obras te mostraré mi fe” (Sant 2, 18)

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