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Si no Huele no es Amor

Posted by francescopetrarca en 4 abril 2012

Excelente post del Padre José Fernando Rey Ballesteros:

http://www.jfernandorey.es/blog/?p=543

***

 El amor… ¿Se puede ver? Ya lo creo. No todo lo que se ve es amor. Pero el amor verdadero, si no puede verse, no es amor.

    El amor… ¿Se puede palpar? Ya lo creo. No todo lo que se palpa es amor. Pero el amor verdadero, si no puede palparse, no es amor.

    El amor… ¿Se puede oler? Ya lo creo. Y huele muy bien. No todo lo que huele bien es amor. Pero el amor verdadero, si no puede olerse, no es amor.

 

    “La casa se llenó del olor del perfume” (Jn 12, 3). En casa de Lázaro olía a amor verdadero. Porque María no podía contener en su pecho el fuego que la abrasaba, y decidió romper lo mejor que tenía, un frasco de perfume de gran valor, para derramarlo a los pies de Jesús. En ese momento, el amor olió, y, por su aroma, supimos que era amor verdadero.

    Y fue profecía de un Amor más grande: tanto amó a los hombres el Hijo de Dios que, no pudiendo contener en su Divino Pecho el Fuego que lo abrasaba, quebró en la Cruz el ánfora de su Santísima Humanidad y derramó sobre la Tierra el Perfume de su Sangre y de su Espíritu. La Historia entera, como aquella casa, se ha llenado del olor a Cristo. Por eso hemos sabido que el Hijo de Dios nos ha amado. Su Amor aún huele a Dios para quien quiere respirar.

 

    Dices que amas a Dios… En tu oración, te late el corazón tan fuerte que te parece que fuera a salirse del pecho. Pero, de momento, no es amor. Tu frasco de barro sigue cerrado e intacto, todo lo que sientes lo llevas dentro y nadie lo nota si tú no lo dices. Para que tu vida sea misterio de amor, el frasco debe romperse y el perfume debe convertirse en don. Si amas de verdad, es necesario que te dejes quebrar, que derrames tu vida a los pies de Cristo, que mueras para entregarte del todo, que nada te reserves para ti, que te vacíes totalmente de ti mismo, y que jamás vuelvas a intentar recoger del suelo el perfume que vertiste. Entonces, cuando todos esos latidos y emociones transformen tu vida en ofrenda, amarás de verdad, y tú mismo serás “buen olor de Cristo” (2Co 2, 15). Hasta que llegue ese momento, sólo pensaré que disfrutas mucho en la oración. Pero eso, amigo mío, no es amor, sino una forma refinada de egoísmo. Lo sé porque no huele.

José-Fernando Rey Ballesteros

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