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A esta Crisis, Palabra de Dios

Posted by francescopetrarca en 28 febrero 2013

Hoy me he puesto a meditar sobre una frase: “Si tú no quieres, ni Dios puede salvarte” (una especie de paráfrasis más coloquial de aquello de San Agustín que decía: “Dios que te creó sin ti, no puede salvarte sin ti“).
 
Dios nos da tantísima libertad…
 
 
Y gracias a ella, inmediatamente, he pensado en toda esta crisis que nos asfixia y rodea. El hombre no sale de ella, porque no quiere. Porque no quiere prestar oídos a la Voz de Dios que dice:
 
 “Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien; buscad el derecho, socorred al oprimido, defended al huérfano, proteged a la viuda. […] Si sabéis obedecer, lo sabroso de la tierra comeréis, si rehusáis y os rebeláis, la espada os comerá“. [Isaías 1, 16-20]
 
 “Tus jefes son bandidos, socios de ladrones: todos amigos de sobornos, en busca de regalos. No defienden al huérfano, no se encargan de la causa de la viuda” [Isaías 1, 23]
 
Y todos los ¡Ay! del capítulo de [Isaías 5, 8-25], que son un vivo retrato de nuestra sociedad actual de hoy en día.
 
 ¿Acaso no vivimos rodeados de acaparadores que solo piensan en acumular y no en dar? ¿Acaso no estamos rodeados de bandidos y corrupción? ¿Acaso se respeta el derecho del oprimido (tristemente hoy muy identificado con la figura del parado y del desahuciado)? ¿Acaso la espada no nos come (nuestra vida, nuestros bienes, nuestro trabajo…)?
 
 
La Palabra de Dios siempre se cumple, como dijo Jesús:
 
 
No penséis que he venido a abolir la ley o los profetas. No vine para abolir, sino para cumplir. Os aseguro que mientras duren el cielo y la tierra, ni una letra, ni una coma de la ley dejará de realizarse” [Mt 5, 17-18]
 
 
Y diariamente vemos, que cuando se endurece nuestro corazón, es cuando cumplimos dicha Palabra que nos advierte de los males que sobrevienen al obrar el mal e incurrimos en el camino de la muerte y no el de la Vida que nos propone nuestro Señor. Por supuesto: ¡Él quiere que vivamos y que tengamos vida abundante! Y por eso nos advierte constantemente que el otro camino no lleva a esa vida, sino a una caricatura grotesca que solo engendra división e infertilidad.
 
 
Pero al mismo tiempo, nos da absoluta libertad… Elegimos libremente. Tanto los individuos, como los Pueblos. Y hemos elegido, en nuestra colectividad, dar la espalda a Dios y a su Palabra y optar por el camino del egoísmo, la avaricia, la rapiña, el soborno, la injusticia y el robo…
 
 No hacen falta ideologías que prometan paraísos terrenales o ilusorias soluciones a nuestros problemas con argumentos aparentemente infalibles: las ideologías solo acarrean partidismos, disensiones y condenas al hermano (que no se conoce, ni queremos conocer, ni queremos…¡ay!… siquiera amar…) . Solo hace falta cumplir la Voluntad del Señor para con los hombres, lo más importante de la Ley: Justicia, Misericordia y Fe, todo emanado del Amor.
 
 
Y mientras no hagamos caso al Señor, en nuestra absoluta libertad, parafraseando de nuevo la primera frase: “ni Dios, puede trabajar con corazones tan duros”…
 
 
Afortunadamente, esta frase no está completa, porque a pesar de nuestra dureza de corazón y nuestra voluntad de darle la espalda, Dios, extrae de las maldiciones que nosotros mismos nos acarreamos, las bendiciones que nos salvan y nos hacen volver a Él. Siempre llama. No cesa. Y en su Bondad, siempre hará “llover sobre justos e injustos“, porque a todos Ama y a todos consuela.
 
 
¡El Reino nos apremia! Y mientras no llegue su plena manifestación, debemos ser Sal y Luz para hacerlo lo más presente y próximo que podamos en nuestros días, para que alguna vez, ¡quiera Dios!,  hagamos obras de auténtica justicia.
 
 

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