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Archive for the ‘Capítulo 1. Teología’ Category

1. Aproximación a la noción de Revelación

Posted by francescopetrarca en 25 febrero 2009

Revelación, en sentido cristiano, significa manifestación, mostración, y expresa la acción divina de darse a conocer a los hombres. Es una acción gratuita, generosa, no debida, como todas las que Dios realiza en relación con los hombres; nada hay en Dios que le obligue a crear y, menos aún, que le obligue a dar a una de sus criaturas, como es el hombre, un fin sobrenatural. Dentro de este fin sobrenatural y gratuito se ha de entender la acción reveladora de Dios.

Se puede ilustrar la noción de Revelación entendiéndola como un diálogo que se establece entre dos seres inteligentes, en el que ambos mutuamente se relacionan y, en cierto modo, entregan su intimidad. Esta ilustración, sin embargo, es sólo un puro ejemplo que resultaría insuficiente e inexacto, si se tomase al pie de la letra (La Revelación es también, y sobre todo, una enseñanza de Dios al hombre). Cuidando, por tanto, su alcance meramente aproximado, cabe pensar en la Revelación de esa manera: Dios crea un ser de naturaleza racional como es el hombre, inteligente y libre, y le dota de un fin sobrenatural, es decir, de un destino eterno que consiste en gozar para siempre junto a Dios después de esta vida; dicho fin es propuesto, pero no impuesto: el hombre habrá de alcanzarlo por medio de acciones libres adecuadas a su naturaleza, auxiliado siempre por la gracia de Dios. Para dirigirse hacia ese fin sobrenatural y gratuito, el hombre debe previamente conocerlo y, una vez conocido, desearlo y tratar de conseguirlo. La Revelación es justamente la acción divina de manifestar este fin, que es Él mismo, y los medios que cada hombre ha de poner para llegar hasta él.

Es la primera parte del diálogo: Dios se da, se entrega amorosamente a su criatura, da a conocer su ser, su vida, sus designios eternos. La segunda parte es la respuesta del hombre, de cada hombre en particular, de aceptar también con amor lo que Dios le comunica y adecuar su vida de acuerdo con las enseñanzas reveladas: eso es, en términos generales, la fe, de la que se hablará a continuación. Sólo queda subrayar que la revelación divina se realizó según el camino preciso anteriormente señalado.**

** Esta frase última hace referencia a los capítulos anteriores que no están puestos aquí y que hablan de los “pasos” de la Revelación en el Pueblo Judío.

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2. Aproximación a la noción de fe.

Posted by francescopetrarca en 25 febrero 2009

La fe es la respuesta del hombre a la revelación divina y consiste esencialmente en la adhesión a las verdades que la Iglesia propone para que sean creídas. Dicha adhesión es a la vez libre y sobrenatural, humana y divina, porque el hombre ha de aceptar según su naturaleza lo que Dios le comunica, pero no podría hacerlo sin una ayuda específica de Dios, ya que las enseñanzas reveladas exceden su capacidad de conocimiento y de comprensión. Por eso, al hablar de fe, conviene distinguir entre la fe como acto humano de adhesión y obediencia a cuanto Dios revela, y la fe como virtud sobrenatural que eleva el alma del hombre y le permite aceptar aquellas verdades como venidas efectivamente de Dios.

De manera ordinaria, la fe como acto requiere previamente la virtud de la fe, pero ésta no sustituye a aquélla: el hombre sin gracia no podría nunca creer en la Revelación, pero aun con la gracia puede no creer, es decir, resistir la acción de Dios y rechazar la luz que se le ofrece.

En la noción cristiana de fe hay dos aspectos inseparables, que son: 1) aceptación de las verdades reveladas que la Iglesia nos enseña, y 2) adecuación de la vida personal a lo que se cree. Esto lleva consigo que la fe cristiana no es un difuso sentimiento religioso en el que la inteligencia del hombre no se compromete, ni es tampoco un puro elenco de verdades que sólo es preciso aceptar intelectualmente, sin mayor influencia en la propia vida. Es preciso comprender que los dos aspectos señalados son irrenunciables dentro de una concepción cristiana: fe y vida coherente con la fe se exigen mutuamente y se complementan, se han de dar unidas.

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3. Aproximación a la noción de Teología

Posted by francescopetrarca en 25 febrero 2009

A. Definición. La palabra <<teología>> significa etimológicamente <<saber acerca de Dios>>, <<ciencia sobre Dios>>. En su sentido cristiano puede definirse como: el conocimiento intelectual de la revelación aceptada en la fe. Aparecen en esta definición tres elementos esenciales de la Teología: el ejercicio de la razón humana, la revelación divina y la fe, que es a la vez humana y divina.

Se dice que la Teología es un conocimiento intelectual, es decir, un saber humano, racional, metódico, discursivo, limitado en su alcance. La Teología se construye, como toda ciencia humana, con la razón, pero, a diferencia de cualquier otra ciencia humana, su punto de partida es la Revelación y la fe, es decir, el conocimiento salvífico de Dios y de sus designios. La Teología tiene en la fe no sólo su punto de partida, sino su continuo fundamento, y en ella encuentra también sus límites, su medida; la fe ofrece a la razón su objeto de investigación y estudio, que es justamente objeto de amor y meta que se desea alcanzar: Dios mismo.

B. Método y fuentes. La profundización racional en los misterios revelados puede hacerse en un doble sentido:

1) Tratando de conocerlos con mayor exactitud tal y como se encuentran en las fuentes que nos los transmiten.

2) Penetrando especulativamente en su contenido y extrayendo sus consecuencias.

En el primer caso se habla del aspecto positivo del método teológico, y en el segundo del aspecto especulativo. En cualquiera de ambos aspectos, la razón obra con el apoyo de los conocimientos adecuados: histórico-críticos en el primero (historia, literatura, paleografía, arqueología, etc.), y filosóficos en el segundo (principalmente la metafísica).

La Teología es ciencia de la fe, puesto que en ella encuentra su objeto y sus límites. Es una labor propia de la razón del creyente (fides quaerens intellectum: la fe buscando una mayor intelección), que pone al servicio de su deseo de conocer mejor a Dios toda la dotación intelectual que posee (sus hábitos científicos), para perpetuar mejor y más hondamente en su único objeto, que es Dios conocido en la Revelación. Así pues, la Teología no es fe más filosofía o fe más historia, etc., sino fe más razón iluminada por la fe y auxiliada por sus hábitos intelectuales, los cuales -sin quedar desvalorizados- sólo ocupan en los contenidos y desarrollo de esta ciencia una posición instrumental. Cuando soprepasan esa condición, pueden acabar sometiendo la fe a sus exigencias y resultando un producto final que no es Teología, por más que se le pudiera asemejar; sería más bien filosofía de la fe, historia de la religión, crítica histórico-literaria, etc.

Las fuentes de la Teología son esencialmente las fuentes de la Revelación, es decir, los cauces utilizados por Dios para enseñar los misterios de la fe, que son la Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia. Pueden llamarse fuentes constitutivas, ya que ellas ofrecen el contenido que la razón debe profundizar bajo la luz de la fe, acción en la que se constituye la ciencia teológica. A ellas se une el Magisterio de la Iglesia como fuente declarativa, es decir, como fuente que expone con autoridad el contenido de la revelación y el sentido en que deben entenderse las verdades de la fe. La Sagrada Escritura y la Tradición son un tesoro de la Iglesia, algo que Dios le ha entregado para que lo conserve, lo transmita a todos los hombres y lo defienda. Estas acciones las lleva a cabo la Iglesia a través de su Magisterio, nombre con el que se designa su misión de enseñar y las enseñanzas concretas que imparte. El conjunto formado por la Sagrada Escritura y la Tradición puede ser denominado depósito de la Revelación, y es -como ya se ha indicado- fuente esencial de la Teología, indudablemente uno de sus elementos fundamentales.

En un sentido más amplio, podrían calificarse de fuentes de esta ciencia otros saberes que la auxilian en su cometido, p. ej., la filosofía, la historia, la literatura, etc. Incluso cabría mencionar entre las fuentes, por su conexión con la Revelación, los hechos de la vida de la Iglesia, los movimientos de espiritualidad, la liturgia, etc.; pero estos hechos deben calificarse más bien de factores desencadenantes de la Teología, es decir, realidades que permiten el desarrollo de la Teología, porque exigen ser explicados desde la fe con la mayor profundidad.

C. División de la Teología. La Teología, en cuanto ciencia que trata del conocimiento de Dios a partir de la Revelación, es una, posee unidad de objeto y de fin; pero en cuanto que ese objeto, Dios, es conocido según diversos aspectos revelados (su naturaleza, sus personas, sus obras: la creación, la redención, los sacramentos, la gracia, etc.), la unidad de la Teología, sin perderse, se diversifica en distintos caminos de profundización. Esta división nunca debe entenderse como verdadera separación, ya que las distintas ramas teológicas no son realidades independientes del tronco común revelado, sino que derivan de una lógica necesidad de distribuir el trabajo, analizando sus diferentes aspectos, pero sin perder de vista su íntima dependencia.

La Teología como tal se construye desde la unidad, pues como enseña el Concilio Vaticano I, trata de buscar la conexión de los misterios revelados entre sí y con el fin último del hombre. Esta conexión existe -es la unidad de la vida divina y de sus designios-, y a la vez sólo es vislumbrada racionalmente por el hombre, aunque crea con firmeza. Por eso, apoyado en la certeza y seguridad de la fe, el teólogo ha de trabajar con rigor y paso a paso para alcanzar una mayor inteligencia de los misterios y de su conexión.

Cada verdad revelada da lugar a un tratado teológico propio, en el que se entrecruzan los aspectos positivos y especulativos. El conjunto de ellos es la Teología dogmática. Si lo que se estudia es la relación de los misterios revelados con el fin último del hombre, es decir, con su salvación eterna, en donde intervienen también distintos aspectos teológicos y, por tanto, distintos tratados teológicos, se tendrá la Teología moral. Con apoyo en la dogmática y en la moral se realiza la Teología espiritual y la Teología pastoral, que versan sobre el camino personal de acceso a Dios, construido desde la doctrina revelada. Otra de las facetas de la Teología con estatuto propio dentro de la unidad es la Teología fundamental, cuya finalidad es, por así decir, doble: proporcionar un mayor conocimiento de los fundamentos racionales de las verdades de fe -ayudando así a defenderlas de ataques o malentendidos (en este aspecto recibe el nombre de Apologética)-, y, en segundo lugar, servir de fundamento del conocimiento teológico (Gnoseología teológica). Por último, es preciso mencionar también la Teología bíblica, la Teología patrística, la Teología histórica, etc., si bien, advirtiendo que sólo son el resultado de cultivar más intensamente los aspectos positivos de la dogmática, de la que no conviene separarlas. La Teología, cuya unidad es superior a la de otras ciencias, pues participa en cierto modo de la unidad del saber de Dios, se estructura en especialidades por limitaciones de la inteligencia humana para captar la palabra divina.

D. Formación teológica y vida cristiana. La aceptación de las verdades de la fe que la Iglesia enseña es necesaria para la salvación. Los cristianos tienen el deber, que obliga gravemente, de conocerlas y profesarlas, así como de vivirlas personal y socialmente. La fe cristiana está constituida por lo que hay que creer y por lo que hay que vivir, siendo esto último la aplicación de lo primero a la vida corriente de cada cual en sus diferentes aspectos (personales, familiares, sociales, profesionales, etc.). Fe y vida coherente con la fe son la doble condición por la que se consigue la propia salvación y se coopera a la de los demás.

Las verdades de fe pueden ser conocidas por los fieles cristianos de dos maneras:

a) Aprendiéndolas de memoria, según formulaciones sencillas y sintéticas que las expresan con exactitud, como son los artículos del Credo, o bien -a otro nivel- las preguntas y respuestas del catecismo de la doctrina cristiana (que todo fiel debe conocer).

b) Estudiándolas además en profundidad, según las enseñanzas más desarrolladas del Magisterio y las exposiciones de los teólogos.

De esto se deduce que todo cristiano debe poseer un conocimiento científico de la Revelación, adecuado al desarrollo de los hábitos intelectuales, que le ayude a enfocar su vida de acuerdo con sus certezas de fe y le permita dar razón de ellas.

La formación teológica ha de concebirse como algo deseable dentro de la vida cristiana, cuando menos por una pura razón de coherencia, pero, sobre todo, porque la fe se debilita cuando no está alimentada por la doctrina y puede llegar a convertirse en un ligero fondo de referencia a Dios sometido a la variabilidad de la propia psicología, al capricho, o al peligroso choque de teorías que quieren presentarse como alternativa de la religión. La fe se puede perder por mantenerla perezosamente en estado embrional, sometida y sin defensas al bombardeo de unas inquietudes personales crecientes o de una formación cultural de corte agnóstico, que es hoy frecuente.

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